Mike Diana, el artista obsceno, ya no escandaliza en la era de Internet

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Al profesor no le pareció bien que el pequeño Mike Diana pintara desnudos a su padre, su madre y sus hermanos en lo que debía ser el típico retrato familiar infantil. Años después, al juez tampoco le gustó su obra y lo envió a la cárcel cuatro días, convirtiendo a Diana en el primer artista de la historia de Estados Unidos en ser declarado culpable de obscenidad.

“La fiscalía decía que esas imágenes hacían que la gente quisiera ser asesino en serie”, afirmó en una entrevista con dpa Diana, que tras años sin pisar Florida ha vuelto al Estado que lo condenó, el que con su conservadurismo modeló al artista que es ahora en Nueva York.

Los dibujos que el joven Diana hizo a comienzos de los ’90 preocuparon a sus padres, alertaron a la policía, lo hicieron ser sospechoso de asesinato y lo llevaron más tarde a la cárcel por obsceno.

Un hombre erecto con un cuchillo ensangrentado arrancando un feto aplastado de la tripa de su madre muerta. Esa era la portada del cómic  Boiled Angel #6 con el que la policía apareció en su casa en 1990. Allí empezaría un largo camino que ahora concluye pagadas ya las tasas judiciales pendientes gracias al Museo de Arte de Miami.“Ahora puedo ver las buenas cosas que pasaron. Con ocho años tuve que sufrir en esa comunidad, en esa atmósfera, eso hizo que mi arte tomara una dirección. Florida me creó así y formó mi arte”, aseguró Diana, de 43 años.

SEXO Y VIOLENCIA COMO PLATAFORMA DE DENUNCIA

El dibujante admite que todo lo vivido ha ayudado a hacer más popular una obra que desde el comienzo y hasta ahora tiene una temática sexual y violenta con la que desea expresar su denuncia a las estructuras de poder y a la religión.

Penes enormes, sangre y sacerdotes son tres de sus elementos iconográficos más repetidos, todo ello aderezado con su gusto por las películas de terror.

“Me vi forzado a ir a la iglesia cuando era niño (en Nueva York), y estaba bien, nunca me importó. Pero luego nos mudamos a Florida, cuando yo tenía ocho años. Empezamos a ir la iglesia y todo fue mucho más diferente: el cura hablaba de ir al infierno, de cómo murió Jesús… Era mucho más serio, en una forma que no me gustaba”, recordó.

“Cuando empecé a hacer mis dibujos en la adolescencia me rebelé contra la religión a la que me habían forzado. Luego miraba las noticias en busca de inspiración para mis cómics y había incontables informaciones de curas abusando de niños. Creo que la gente ignoraba esas historias, no les prestaba atención y yo quería mostrarlo en mi trabajo”, explicó.

Diana veía el mundo de un modo diferente al que lo suele ver un adolescente. El retrato familiar nudista en su niñez ya evidenciaba que en su interior había unas inquietudes totalmente contrapuestas a las de la aún conservadora Florida, en la que Miami, la gran ciudad, es un oasis, un refugio cada vez más “underground” que contradice la imagen de playa, fiesta y mansiones de sus acaudalados habitantes.

“Cuando el profesor me preguntó que dónde estaba la ropa, me di cuenta de que había hecho algo mal. Fue una lección de que había cosas que no debía dibujar”.

Su familia se empezó a preocupar por la temática y el tono oscuro y siniestro de sus dibujos, pero no por la posibilidad de que pudiera llegar a ir a la cárcel o fomentar la creación de asesinos en serie.

“Mi padre vio mi trabajo en mi habitación y me dijo que mis dibujos lo deprimían, que lo hacían sentir mal, que debería dibujar algo bonito, y mi madre me decía lo mismo. Estaban preocupados por mí, querían que fuera más normal y dibujara cosas bonitas, y con este tipo de material…”

Un joven así -pelo largo, camisetas de punk- no tardó en llamar la atención de la policía, pese a que sus dibujos los mantenía para sí y los vendía por correo fuera del estado, lejos de la comunidad que conoció precisamente su trabajo cuando se desató el escándalo.

“Cuando salí en las noticias conseguí una atención que no hubiera  logrado de otra manera. Los ciudadanos, por ley, tenían derecho a ir al tribunal y ver el material acusado de ser obsceno”, explicó la paradoja.

POR UN CASO DE OBSCENIDAD

Uno de los agentes que apareció en su casa en 1990 fue quien con un nombre falso compró varios cómics con los que luego llevó el caso a la fiscalía, según cuenta Diana.

“Nadie quiso hacerse cargo del caso y dos años después, el fiscal de entonces llegó a él por accidente y quiso usarlo para hacerse un nombre. En 1993 recibí una carta, dos años después de imprimir los ‘Boiled Angels’, que decía que tenía que aparecer en el juzgado por un caso de obscenidad”.

El fiscal pidió tres años de cárcel y 3.000 dólares de multa. Para entonces, el caso era ya mediático y la conservadora comunidad de Largo, cerca de Tampa, podía ver unos supuestos dibujos escandalosos a los que nunca habría accedido si no hubiera sido por la polémica.

Un jurado, formado por gente mayor y asustado por ver las imágenes y oír al fiscal hablar de “serial killer”, condenó a Diana a cuatro días de prisión sin fianza, 3.000 dólares de multa, tres años de libertad condicional, no tener contacto con menores, 1.280 horas de trabajo comunitario, mantener un trabajo a tiempo completo, ver a un psiquiatra y no poder dibujar ni siquiera para sí mismo con la amenaza latente de que la policía se presentara a registrar su domicilio sin previo aviso.

“Tras los cuatro días en prisión, hablé con mi abogado por teléfono y me dijo que el juez no tenía la obligación de ponerme en prisión, pero que quería que sirviera de ejemplo, porque reté al sistema al declararme inocente”, afirmó.

Diana siguió dibujando y escondiendo su obra en casa de sus padres. “Eso fue interesante porque nunca les gustó mi trabajo, pero me apoyaban porque sabían que no merecía lo que me estaba pasando”.

Poco después, con la etiqueta de ser el primer artista condenado por obscenidad en el país y tras presentar un recurso que no prosperó, se trasladó a la liberal Nueva York, donde pudo cumplir con la libertad provisional pero no hacer trabajos artísticos.

Regresaba a menudo a Florida a ver a sus padres. Ahora lo hará ya con la tranquilidad de que sus tasas judiciales están pagadas y no hay riesgo de arresto.

El caso, que supuso 56.000 dólares para el contribuyente estadounidense y un disgusto para la familia Diana, está ya cerrado para siempre y el dibujante exhibe su obra en Miami, donde -guste poco o mucho- se respeta la libertad de expresión de un artista que en 2013, en plena era de Internet, ya no escandaliza.

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