El Radar por Jesús Aguilar
La política potosina rara vez se mueve por accidente. Cuando hay cambios arriba, abajo tiemblan estructuras, lealtades… y aspiraciones. El relevo en la dirigencia nacional de MORENA —con la salida de Luisa María Alcalde y la llegada de Ariadna Montiel— no es un simple ajuste administrativo: es una señal de reconfiguración profunda que impacta directamente en San Luis Potosí.
Hoy más que nunca en varias décadas, la política potosina pasa por decisiones y acciones, se altera con reacciones y hasta impulsos en el corazón del país.
Como pocas veces, el efecto dominó es claro.
El cambio en la dirigencia nacional no solo redefine el mando: redefine el método. ConLuisa María Alcalde, MORENA operó bajo una lógica de centralización política con sesgos internos evidentes; grupos privilegiados, candidaturas impulsadas desde escritorio y una narrativa que, en estados como San Luis, terminó desconectándose de la realidad territorial.
Muchos se quejaban de su poca sensibilidad real, y su poca “calle” dentro de la gestación del movimiento. Cuando MORENA nacía Luisa María era diputada federal plurinominal, pero por MOVIMIENTO CIUDADANO.
La llegada de Montiel implica otra cosa: operación social, estructura en tierra, control de padrones, disciplina territorial. Es decir, menos “aire político” y más músculo real.
Y en ese nuevo tablero, la pregunta es inevitable:
¿quién en San Luis Potosí tiene estructura, narrativa y sobrevivencia política comprobada?
La respuesta apunta directo a un nombre: Rita Ozalia Rodríguez.
Rita Ozalia Rodríguez no solo resistió una dirigencia nacional que nunca terminó de respaldarla; sobrevivió a ella. En política, sobrevivir sin padrinazgo directo no es debilidad: es prueba de autonomía.
Hoy, ese dato cambia de valor.
• Lo que antes era fragilidad (falta de impulso nacional), hoy se convierte en legitimidad territorial.
• Lo que parecía aislamiento, hoy luce como independencia estratégica.
• Y lo más relevante: no viene inflada… viene construida.
En paralelo, la otra narrativa comienza a desfondarse.
La precandidatura de Gerardo Sánchez Zumaya se sostuvo, en gran medida, en una lógica de posicionamiento mediático y percepción de cercanía con ciertos grupos nacionales. Una candidatura de aire, de volumen… pero no necesariamente de estructura.
Con el cambio en la dirigencia, ese aire pierde presión.
Y en política, cuando se cae el respaldo… se exhibe la profundidad real.
Es muy difícil poder medir hasta dónde sucede que el efecto “Andy” también, “auto exiliado” en Coahuila, uno de los últimos bastiones del PRI, también erradique el impulso velado que su grupo-clan había dado a Sánchez Zumaya alineado con su padrino Adán Augusto López.
El efecto más delicado no está en los nombres… sino en las conductas.
Cuando un proyecto pierde viabilidad, sus operadores suelen tomar dos caminos: replegarse o radicalizarse.
Las señales recientes apuntan a lo segundo.
En el entorno de Sánchez Zumaya comienza a observarse un endurecimiento del discurso, incluso con tintes de confrontación directa. Episodios donde ya no hay cálculo político, sino reacción emocional. Y ahí aparece un actor clave: José Luis Romero Calzada, conocido como “El Tekmol”.
La tensión ha escalado al punto de que el propio gobernador del estado, Ricardo Gallardo Cardona, tuvo que intervenir públicamente. Su mensaje fue claro, directo, sin matices:
“Ya le dije que le baje. Aquí no son tiempos de amenazas ni de andar calentando la plaza. Que se tranquilice.”
Ese “estate quieto” no es menor. Es un mensaje político con destinatario múltiple: orden, control y límites.
El reacomodo en MORENA deja tres líneas abiertas que van a definir el rumbo al 2027:
1. ¿Se institucionaliza Rita como candidata natural o surge una nueva figura con respaldo nacional reconfigurado?
2. ¿El grupo de Sánchez Zumaya se disciplina… o escala el conflicto hacia una ruptura más visible?
3. ¿El nuevo liderazgo de Montiel apostará por territorio o volverá a caer en la tentación de candidaturas infladas desde el centro?
Porque en política, el poder no solo se gana… también se administra.
Y hoy, en San Luis Potosí, MORENA está justo en ese punto donde las decisiones internas empiezan a parecerse peligrosamente a elecciones anticipadas.
El tablero ya se movió.
Las fichas también.
La pregunta es quién entiende el nuevo juego… y quién sigue plegando al anterior.
Les comparto el link a la Mesa Cuadrada de ayer donde hablamos de este y otros temas.