El Radar por Jesús Aguilar
Hay libros que incomodan.
Y hay libros que desnudan.
Ni venganza ni perdón. Una amistad al filo del poder, de y , no es una novela política. Es una pieza de memoria desde dentro del círculo presidencial. Y por eso la reacción no fue literaria: fue política.
“No lo he leído, ni lo voy a leer”, sentenció la presidenta . La frase no es casual. Es una estrategia. Minimizar antes de confrontar.
Pero el problema no es editorial. Es institucional.
Decidir: ¿qué se está tratando de evitar?
El libro coloca nombres propios en la conversación pública. No insinúa en abstracto: señala.
Aparece el empresario asesinado como eje de una presunta red de financiamiento político vinculada al llamado “huachicol fiscal”. Y junto a ese nombre, figuras centrales de la 4T.
Entre ellos, , actual secretario de Educación y exdirigente nacional de Morena, quien ha rechazado reiteradamente cualquier vínculo ilícito. Delgado ha sostenido que los señalamientos sobre financiamiento irregular son falsos y forman parte de una narrativa opositora.
También se menciona a , hoy pieza clave en el equipo de comunicación presidencial. Ramírez respondió en entrevista con negando cualquier relación con Carmona y calificando los señalamientos como infundados. Su postura es clara: no hubo financiamiento ilícito ni operación irregular.
Y el gobernador pidió públicamente aclaración por su inclusión en el relato, asegurando que se le vinculó de manera incorrecta.
Las respuestas existen.
Pero el debate de fondo sigue intacto.
Decir: entre la negación y la memoria
No estamos ante una filtración anónima ni ante un hilo de redes sociales. Estamos ante el testimonio de quien fue consejero jurídico de la Presidencia y parte del círculo íntimo de .
Eso no convierte al libro en verdad automática.
Pero tampoco permite despacharlo como chisme.
El poder ha optado por dos líneas de defensa: descalificar la intención y negar los hechos. Es legítimo negar si se es aludido. Lo que no fortalece la democracia es desactivar la discusión antes de revisar el contenido.
Si las acusaciones son falsas, deben desmontarse con datos.
Si son verdaderas, deben investigarse.
Lo que no cabe es el limbo.
Porque cuando un libro apunta a presuntas redes de financiamiento irregular en el partido gobernante, la respuesta institucional no puede ser una frase despectiva.
La 4T construyó su narrativa sobre la promesa de combatir la corrupción estructural. Por eso la vara es más alta. No basta con negar. Hay que transparentar.
El punto incómodo
La pregunta no es si el libro es oportunista.
La pregunta es si el Estado mexicano investigará los hechos señalados.
La historia reciente nos ha enseñado algo: muchas revelaciones incómodas fueron desestimadas en su momento y confirmadas años después. Otras quedaron como acusaciones sin sustento. La diferencia siempre estuvo en la disposición a abrir expedientes.
Aquí es donde el título adquiere ironía.
Ni venganza ni perdón.
Si el libro fuera un ajuste de cuentas, la respuesta correcta sería desmontarlo con pruebas. Si es una denuncia con sustento, la respuesta correcta sería investigarlo. Lo que erosiona la credibilidad es la negación preventiva.
Consolidar: el costo de no leer
En política, el silencio también comunica.
La descalificación anticipada también.
Cuando el poder decide no leer, no cancela el libro. Cancela la conversación.
La 4T llegó con la bandera de la transformación moral del país. Esa promesa no se sostiene con discursos, sino con apertura al escrutinio.
Un gobierno fuerte no le teme a un libro.
Un gobierno seguro no evita una investigación.
Ni venganza.
Ni blindaje automático. Porque en democracia, la peor respuesta no es la crítica.
Es el desdén.