Adoptar un perro no solo cambia tu rutina, también puede influir en tu salud. Diversas investigaciones señalan que convivir con un lomito está relacionado con un menor riesgo de sufrir infartos y otros problemas cardiovasculares. Más que una compañía, podría convertirse en un apoyo constante para tu corazón.
La relación entre salud mental y corazón es directa. Cuando una persona vive sola o enfrenta episodios de ansiedad y depresión, el riesgo cardiovascular aumenta. En este contexto, tener un perro ayuda a reducir la sensación de aislamiento, promueve la convivencia social y genera una rutina diaria. Especialistas señalan que el simple hecho de saber que otro ser vivo depende de ti puede mejorar el estado de ánimo y disminuir el estrés.
De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la interacción con los perros provoca cambios positivos en el organismo. Al acariciarlos o convivir con ellos, el cuerpo disminuye la producción de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, y aumenta sustancias como la oxitocina y la dopamina, que generan bienestar. Este equilibrio químico favorece la salud de las arterias y ayuda a mantener estable la presión arterial.
La American Heart Association (AHA) también ha señalado beneficios importantes. Estudios publicados en revistas médicas indican que las personas que tienen perro pueden reducir hasta en 31% el riesgo de morir por infarto o derrame cerebral. En el caso de quienes ya han sufrido un evento cardíaco, el beneficio es aún mayor: la reducción del riesgo de muerte puede alcanzar el 65%.
Los adultos mayores son uno de los grupos más favorecidos. A partir de los 65 años, la compañía de un perro se asocia con mejores indicadores cardiovasculares y menor impacto de la soledad. Incluso en niños, crecer con mascotas puede ayudar a disminuir la probabilidad de desarrollar hipertensión en etapas posteriores de la vida.
El beneficio no se limita a lo emocional. Tener un perro implica actividad física constante. Los paseos diarios ayudan a cumplir con los 150 minutos de ejercicio semanal recomendados por especialistas. Esta actividad mejora la sensibilidad a la insulina, reduce el riesgo de diabetes, ayuda a mantener niveles saludables de colesterol y fortalece el sistema inmunológico.
Además, el contacto frecuente con la mascota contribuye a mantener la presión arterial bajo control. Acariciar a un perro puede generar una disminución inmediata en los niveles de tensión, lo que funciona como un apoyo natural para el sistema cardiovascular.
Los estudios publicados en revistas como Current Hypertension Reports y Frontiers coinciden en que la convivencia con perros tiene efectos positivos tanto físicos como emocionales. Aunque no sustituye tratamientos médicos ni hábitos saludables, sí puede convertirse en un complemento importante para prevenir enfermedades del corazón.
Más allá del cariño, la ciencia sugiere que abrirle la puerta a un perro también es abrirle la puerta a una mejor calidad de vida. Su compañía, actividad y vínculo emocional pueden representar una protección adicional frente a los infartos y otros problemas cardiovasculares.