Por Mario Candia
27/08/25
SAN AGUSTÍN Hacia el año 400, San Agustín escribió sus Confesiones, ese libro donde la filosofía se volvió introspección y el tiempo dejó de ser un simple conteo de relojes para convertirse en una tensión del alma: memoria del pasado, atención al presente, expectativa del futuro. Pero en México esa cuerda está rota. La memoria colectiva es frágil hasta la amnesia. Tlatelolco, Acteal, Ayotzinapa, las fosas clandestinas, la pandemia… todo se recuerda como quien hojea un álbum viejo: con nostalgia o morbo, nunca con propósito. Cada aniversario se convierte en acto oficial o en trending topic, y luego volvemos a lo mismo, como si el tiempo fuera un carrusel que gira pero nunca avanza.
MEMORIA San Agustín advertía que la memoria es lo que da identidad a un pueblo, lo que permite aprender y corregir. Nosotros la hemos convertido en espectáculo o en arma política. Se invocan tragedias para culpar al adversario, se exhuman viejos agravios para ganar elecciones, se repite el drama como si la historia no pudiera enseñar nada más que resignación.
PRESENTE El presente, para el obispo de Hipona, era el único tiempo real: el pasado ya no existe y el futuro todavía no llega. Y aquí estamos, en un presente saturado de noticieros, mañaneras, encuestas y discursos donde todo se define “hoy”, como si el mañana fuera un lujo que no podemos pagar. La inmediatez devora cualquier horizonte: queremos soluciones instantáneas a problemas que tienen siglos.
FUTURO Y el futuro… ah, el futuro. Para San Agustín, la expectativa era esperanza, no ilusión vacía. En México, en cambio, vivimos esperando el sexenio que por fin nos redima: el presidente que acabará con la violencia, la reforma que traerá prosperidad, el plan milagroso que curará pobreza y corrupción. Siempre hay una promesa, siempre un mañana brillante, pero cuando llega, resulta ser otro presente descompuesto.
ALMA Quizás San Agustín tenía razón: el tiempo es cuestión del alma. Y tal vez la nuestra, como país, vive enferma, atrapada entre un pasado que no aprende, un presente que todo lo devora y un futuro que siempre se nos escapa
Hasta mañana.