Por Mario Candia
7/1/26
HIPOCRESÍA La austeridad predicada por la izquierda latinoamericana no fue una virtud: fue un instrumento. Un discurso diseñado para domesticar a las masas mientras el poder —y sus privilegios— se concentraban en pocas manos. Nada exhibe mejor esa hipocresía que los hijos de quienes juraron vivir como el pueblo y terminaron criando herederos del lujo que decían detestar.
ASPIRACIONISMO Durante años, líderes como Chávez, Castro, los Kirchner y López Obrador construyeron una narrativa de sacrificio, modestia y superioridad moral. Arremetieron contra empresarios, demonizaron la riqueza, convirtieron el éxito económico en sospecha y la pobreza en medalla ideológica. En México, Andrés Manuel López Obrador llegó incluso a insultar desde la tribuna presidencial a la clase media, reduciéndola al término “aspiracionista”, como si desear algo mejor fuera una falta ética. Y sin embargo, basta observar a sus hijos para entender que ese discurso nunca fue auténtico.
LOS CHAVEZ Los hijos del chavismo crecieron bajo el relato del socialismo redentor y hoy orbitan entre cuentas opacas, residencias en el extranjero y estilos de vida imposibles de conciliar con la miseria venezolana. No importa si jamás se confirma el monto exacto de las cuentas congeladas en Suiza vinculadas a Nicolás Maduro. La hipocresía no necesita cifras: se consuma en la contradicción. Un líder que dice no tener riqueza, pero activa alarmas en el sistema financiero más exclusivo del planeta no engañó al pueblo: se desenmascaró.
LOS CASTRO En Cuba, los nietos de Fidel Castro no solo viven mejor que el cubano promedio: viven como una élite global. Autos de lujo, fiestas privadas, negocios en divisas. Todo aquello que el régimen condenó durante décadas aparece concentrado en los descendientes del hombre que prometió igualdad. La revolución exigió sacrificio eterno, pero solo para los otros.
LOS LÓPEZ En México, el contraste es todavía más obsceno. El presidente que hizo de la austeridad una religión terminó formando hijos convertidos en empresarios súbitos, exitosos, blindados por el poder y rodeados de amigos colocados en áreas estratégicas del Estado. No es casualidad. Es coherencia con la verdadera práctica del régimen: condenar el capital en público y administrarlo en privado.
LOS KIRCHNER En Argentina, los Kirchner perfeccionaron el modelo. Mientras el discurso atacaba al “capital concentrado”, el patrimonio familiar crecía, se diversificaba y se protegía del mismo Estado que gobernaban. Los hijos no rompieron el sistema: lo heredaron.
AUSENCIAS Aquí aparece el elemento psicológico que lo vuelve aún más revelador. Muchos de estos hijos crecieron a la sombra de padres ausentes, más comprometidos con la épica, el poder o la causa que con la crianza. Y ya adultos, quizá sin plena conciencia, exhiben con ostentación aquello que sus padres negaron. No es rebeldía juvenil: es una venganza simbólica. Mostrar el lujo es exhibir la mentira.
PRIVILEGIOS Los hijos no traicionan el discurso de la austeridad. Lo desenmascaran. Son la prueba viviente de que nunca hubo ética, solo hipocresía; nunca hubo pobreza voluntaria, solo administración del privilegio. Y al final, como suele ocurrir, la verdad no la revelan los enemigos del régimen, sino su propia descendencia.
Hasta mañana.