POPOL VUH 291

Por Mario Candia

9/1/26

GROK El reclamo de José Ramón López Beltrán, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, a Grok —la inteligencia artificial de X— no es, en el fondo, un debate tecnológico ni un problema de filtros algorítmicos. Es la confirmación de algo mucho más grave: el ya desorbitado nivel de intolerancia de Morena frente a la crítica, incluso cuando esta adopta la forma de sátira, burla o exageración, es decir, las formas históricas con las que la sociedad ha ventilado los excesos del poder.

CRÍTICA Que José Ramón López Beltrán se diga agraviado porque una IA reproduce —con sarcasmo— los señalamientos que circulan desde hace años en la conversación pública, revela una profunda incapacidad para entender la crítica como parte natural de la vida democrática. No hay pecado más imperdonable para el morenismo que la risa. No hay delito más grave que el cuestionamiento.

MONEROS La historia es clara. Mucho antes de las redes sociales y de los algoritmos, la prensa —sobre todo a través de los caricaturistas— fue despiadada con el poder. Presidentes, gobernadores, líderes sindicales y magnates fueron retratados como cerdos, payasos, sátrapas o bufones. La caricatura política no buscaba ser justa: buscaba ser incómoda. Luego vino la televisión, con la sátira disfrazada de entretenimiento. Hoy son las redes sociales, ese espacio caótico pero indispensable donde la sociedad señala mentiras, contradicciones, abusos y corrupción.

OXÍGENO Ese ejercicio —la burla, la crítica, la exageración— es oxígeno democrático. Permite encontrar fisuras en el discurso oficial, desmontar la solemnidad del poder y recordarle al gobernante que no es intocable. Sin ese oxígeno, la sociedad se asfixia en propaganda.

CENSURA Lo alarmante no es que Morena se incomode. Todo poder se incomoda. Lo preocupante es que responda con furia moral, censura y criminalización. Leyes ambiguas, discursos que equiparan crítica con violencia, y ahora incluso reclamos públicos a una inteligencia artificial, como si exigirle disculpas a un algoritmo pudiera borrar la conversación social que lo alimenta.

RIDÍCULO El episodio raya en lo ridículo. Un movimiento que llegó al poder denunciando censura hoy se indigna porque una IA no se comporta como boletín oficial. Un régimen que presume tolerancia responde con ofensa permanente. Un proyecto que se decía distinto reproduce los peores reflejos del autoritarismo, pero sin la inteligencia ni el pudor de disimularlos.

MIEDO Umberto Eco lo explicó con claridad en El nombre de la rosa. Cuando el abad justifica por qué el libro perdido de Aristóteles sobre la comedia debía permanecer oculto, lo dice sin rodeos: la risa mata al miedo, y sin miedo no hay fe. Por eso había que prohibirla. Por eso había que temerle.

SUBVERSIVA La risa siempre ha sido subversiva porque desactiva la solemnidad del poder y lo vuelve humano, falible, ridículo. Y cuando un régimen ya no tolera ni la burla —cuando se ofende por una caricatura, por un tuit o incluso por una inteligencia artificial— no estamos ante un gobierno fuerte, sino ante uno que necesita del miedo para sostener su fe, su narrativa y su autoridad. Por eso hoy, incluso la risa generada por un algoritmo, les resulta intolerable.

Hasta mañana.

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