Por Mario Candia
13/1/26
AUMENTO La movilidad en San Luis Potosí vuelve a exhibir su viejo vicio: se discute siempre desde el poder o desde el negocio, casi nunca desde el usuario. Esta semana, dos hechos lo confirman. Por un lado, los concesionarios del transporte público exigen elevar la tarifa a 15 pesos; por el otro, el gobernador encabeza la entrega de nuevas unidades y proclama una modernización histórica del sistema. Dos discursos que no dialogan entre sí, pero que se estrellan contra la misma realidad: el transporte público sigue siendo caro, ineficiente y socialmente injusto.
TARIFA La petición de los camioneros no es menor. Subir la tarifa de 12.50 a 15 pesos implica trasladar el costo de la mala planeación, la inflación y la ineficiencia estructural directamente al usuario. El argumento es conocido: ya no alcanza para combustible, refacciones, sueldos ni mantenimiento. Pero el problema es que nunca alcanza, porque el modelo está diseñado para eso: concesiones fragmentadas, sin controles reales de calidad, sin rutas pensadas como sistema y sin una autoridad que regule con seriedad.
USUARIOS La pregunta clave es otra: ¿por qué el usuario debe pagar más por un servicio que no mejora de forma proporcional? Camiones en mal estado, frecuencias irregulares, rutas saturadas en horas pico y colonias enteras abandonadas a la espera de una unidad que nunca llega. Pedir 15 pesos en este contexto no es una actualización tarifaria: es un castigo al trabajador que no tiene alternativa.
UNIDADES NUEVAS En paralelo, el gobierno estatal entrega camiones nuevos, sonríe para la foto y habla de movilidad digna. La inversión es millonaria y el mensaje político claro: estamos transformando el transporte. Pero la propaganda no responde lo esencial. ¿Dónde circularán esas unidades? ¿En qué rutas? ¿Bajo qué esquema de control? ¿Quién garantiza que no terminen concentradas en los corredores visibles mientras la periferia sigue viajando en chatarra?
SERVICIO La contradicción es evidente. Si el Estado invierte en unidades nuevas para dignificar el servicio, ¿por qué los concesionarios insisten en que la tarifa actual es inviable? Y si el negocio del transporte es tan frágil, ¿por qué se mantiene intacto el mismo modelo concesionado que ha fracasado durante décadas?
MOVILIDAD La movilidad no se mide en número de camiones entregados ni en discursos de inauguración. Se mide en tiempo de traslado, en costo mensual para las familias, en certeza y en calidad de vida. Un aumento a 15 pesos impacta directamente a quienes usan dos, tres o cuatro camiones al día. Es un impuesto silencioso a la pobreza urbana.
SISTEMA San Luis Potosí no necesita una movilidad de escaparate. Necesita un sistema integrado, regulado, con visión metropolitana y con el usuario al centro. Mientras eso no ocurra, cualquier aumento tarifario será injusto, y cualquier entrega de camiones, apenas una postal para redes sociales. La pregunta final es incómoda, pero necesaria: ¿la movilidad se está diseñando para mover personas o para mover discursos?
Hasta mañana.