POPOL VUH 307

Por Mario Candia
3/1/26


EMBAJADA Belgrave Square no es una simple dirección en Londres: es una cápsula de prestigio. Un espacio donde la diplomacia se mide en metros cuadrados, protocolos rígidos y silencios elegantes. Ahí conviven embajadas, residencias oficiales y clubes privados que no toleran el desorden. Desde hace casi dos siglos, México ocupa una de esas casas como símbolo de representación exterior. Ese espacio terminó convertido en salón de fiestas.

LA CASA MÉXICO La residencia de la embajada mexicana —conocida como “La Casa México”— fue edificada en 1826, el mismo año en que el Reino Unido reconoció a México como nación independiente. No nació para la frivolidad, sino para la solemnidad. Para mostrar estabilidad, no improvisación. Para proyectar Estado, no caprichos personales. Hasta que llegó Josefa González Blanco.

PROTOCOLO Lo que relatan extrabajadores y funcionarios coincide punto por punto con lo documentado por la prensa: alcohol sin control, invitados eternos, colillas de cigarro pese a la prohibición, música a deshoras y una rutina que rompía cualquier noción de protocolo diplomático. El mayordomo aplicaba lo que dicta el manual clásico: bajar luces, cortar servicio, invitar al retiro. Nunca funcionó. Lo que sí funcionó fue el hostigamiento laboral hasta que terminó por renunciar.

SIRVIENTES Cuatro empleados históricos sostuvieron durante meses una operación que ya no era institucional, sino doméstica: un mayordomo, una cocinera, una persona de limpieza y una mucama encargada del cuarto de la embajadora. Nunca hubo trato directo. Nunca reconocimiento. Nunca diálogo. La embajadora no tenía empleados: tenía sirvientes.

DESORDEN El problema no fue solo el desorden, sino el modelo de poder. Fernando Gutiérrez Champion, sin trayectoria real en el Servicio Exterior Mexicano, fue elevado a ministro —uno de los rangos más altos— por simple cercanía política. No hubo carrera, no hubo mérito, no hubo filtros. Hubo lealtad personal, el mismo criterio con el que la 4T distribuye cargos: no se asciende por capacidad, se asciende por afinidad.

VIP La residencia incluso alojó al hijo menor del presidente. González Blanco canceló reuniones oficiales porque no le gustaba despachar desde la embajada y prefirió mantener cómodo al huésped VIP. La política exterior subordinada a la vida privada.

BELGRAVE SQUARE Las consecuencias ya no son simbólicas: son materiales. Tanto la embajada, ubicada en Mayfair, como la residencia de Belgrave Square, entraron en conflicto con sus propietarios. La primera tenía contrato vencido; la segunda opera bajo un acuerdo de 100 años que vence este mismo año, con cláusulas quinquenales de revisión. Las quejas vecinales, el deterioro de la reputación y el uso indebido de los inmuebles complicaron la renegociación. El resultado: propietarios exigiendo la devolución de espacios diplomáticos.

DIPLOMACIA Es decir, México puede perder dos de sus activos más valiosos en Londres no por una crisis geopolítica, no por un conflicto internacional, sino por fiestas privadas y abuso de poder. El reportaje de El País lo confirma: 16 denuncias por acoso laboral, testimonios de trato humillante, clima de miedo y desgaste institucional. No es un error aislado, es un patrón. La diplomacia de la 4T opera igual que su política interna: improvisación, desprecio por la profesionalización, uso patrimonial del Estado.

CANTINA Lo verdaderamente grave no es que una embajadora haya convertido su residencia en cantina, sino que el sistema lo permitió, lo toleró y lo sostuvo durante años. Nadie la removió hasta que el escándalo fue público. Nadie investigó hasta que los contratos comenzaron a romperse. Nadie protegió a los trabajadores hasta que hablaron con la prensa.

FRIVOLIDAD En otros tiempos, perder una residencia diplomática en Belgrave Square habría provocado una crisis de Estado. Hoy se procesa como una nota más en la larga lista de degradaciones normalizadas. La 4T prometió dignificar la política exterior. Lo que logró fue vulgarizarla. Cambió diplomacia por compadrazgo, protocolo por privilegio, representación por fiesta. Y ahora, literalmente, México puede quedarse sin casa en Londres. No por falta de recursos, sino por exceso de frivolidad.
Hasta mañana.

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