POPOL VUH 308

Por Mario Candia
4/2/26

CHIAPAS No fue una balacera, no fue un enfrentamiento, no fue una “ejecución más”. Fue una cabeza humana dentro de una hielera, abandonada como si fuera basura en un parque público de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. En pleno día. A la vista de cualquiera. La escena no pertenece a una guerra ni a una serie de Netflix: pertenece a México en 2026.

MENSAJE La imagen es brutal, pero también simbólica. Una cabeza cercenada no busca solo matar: busca comunicar. Es un mensaje de poder, de control territorial, de impunidad absoluta. Es la pedagogía del terror. Y lo más inquietante no es el acto en sí, sino lo rápido que se vuelve paisaje: una nota más que se desplaza por el scroll y desaparece entre memes, chismes y declaraciones oficiales.

OBSCENO Mientras tanto, el informe anual de Human Rights Watch confirma lo que la realidad ya gritaba: México vive niveles “extremadamente altos” de violencia homicida, con tasas de impunidad que rozan lo obsceno. Más del 90 % de los asesinatos no se resuelven. No hay justicia, no hay castigo, no hay reparación. Hay archivos muertos.

CRIMEN Los ejemplos se acumulan como escombros. Diputados baleados en Sinaloa. Alcaldes ejecutados en Michoacán. Futbolistas acribillados en Guanajuato. Líderes agrícolas decapitados. Cuerpos abandonados en carreteras, parques, canchas, casas, hieleras. El país se ha convertido en una geografía de escenas del crimen sin investigación posterior.

NARRATIVA La narrativa oficial insiste en hablar de “casos aislados”, de “hechos lamentables”, de “herencias del pasado”. Pero la violencia ya no es un fenómeno marginal: es un sistema. Un sistema que gobierna territorios, regula economías, decide quién vive y quién muere. Un sistema paralelo al Estado, pero mucho más eficaz.

SAN LUIS POTOSÍ Y también hay resistencia: ayer en San Luis Potosí el colectivo Voz y Dignidad por los Nuestros irrumpió en un evento público para denunciar la falta de una Fiscalía Especializada en Desaparición Forzada, una obligación legal que las autoridades estatales y el Congreso han postergado hasta noviembre de 2026. Las activistas reclamaron falta de recursos transparentes, el mal uso de los fondos y la reasignación de funcionarios claves, mientras las madres buscadoras siguen recorriendo cerros y brechas sin apoyo institucional.

VOCES No fue una marcha multitudinaria ni un mitin con discursos grandilocuentes. Fue una interrupción desesperada: pancartas, voces quebradas y reclamos al poder político local por no reconocer la magnitud de una crisis que ya se traduce en ausencia de personas, en familias rotas y en silencio oficial. Fue un recordatorio —en una plaza pública, no en un informe— de que hay heridas que no sanan, sino que se enquistan.

PERCEPCIÓN HRW no habla de percepción, habla de estructura: policías infiltradas, fiscalías colapsadas, ministerios públicos sin recursos, jueces rebasados, víctimas sin nombre. La impunidad ya no es una falla del sistema: es el sistema mismo funcionando como está diseñado.

CONTEXTO En ese contexto, cada hielera con restos humanos no es solo un crimen, es una pieza de propaganda. Un recordatorio de quién manda realmente en ciertas regiones del país. Y cada protesta local, por pequeña que sea, es también una propaganda inversa: la evidencia de que el Estado ya no convence, solo administra daños.

INSEGURIDAD México no está “inseguro”. México está sitiado. Por actores criminales, sí, pero también por su propia incapacidad de garantizar lo mínimo: que matar tenga consecuencias. Cuando la violencia no se castiga, se convierte en lenguaje. Y hoy el lenguaje dominante en vastas zonas del país es el del miedo.

BAJO FUEGO Una cabeza en una hielera y una protesta con pancartas conviven en el mismo país. Entre ambos extremos se mueve la realidad mexicana: el terror como método, la indignación como último reflejo de una sociedad que aún no se rinde, pero que ya vive bajo fuego.
Hasta mañana.

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