Por Mario Candia
9/2/26
OPERADOR SILENCIOSO El poder no premia la virtud. Premia la utilidad. Y pocos han sido tan útiles para el régimen como Jesús Ramírez Cuevas, el hombre que entendió antes que nadie que la verdadera transformación no consistía en cambiar al país, sino en cambiar la forma en que el país percibe la realidad. No es un líder. No es un tribuno. Es algo más eficaz: un operador silencioso, disciplinado y absolutamente leal, capaz de moldear la narrativa hasta convertir la mentira en certeza y la contradicción en doctrina.
LIBRO La reciente publicación del libro Ni venganza ni perdón de Julio Scherer Ibarra ha expuesto una de las zonas más oscuras de ese entramado. No se trata de una denuncia desde la oposición, sino de una confesión desde el interior mismo del poder. Scherer, quien fue consejero jurídico de la Presidencia, documenta la emisión de un decreto en agosto de 2022 que estableció compensaciones vitalicias a ex trabajadores de Luz y Fuerza del Centro, con un impacto de 27 mil millones de pesos al erario. Pero el elemento verdaderamente perturbador no es el monto, sino el mecanismo: el uso deliberado del aparato del Estado como instrumento de operación política, con la intervención directa de Jesús Ramírez Cuevas.
NARRATIVA Ahí está la esencia del personaje. No en el discurso público, sino en la operación invisible. Ramírez nunca necesitó reflectores porque su poder no dependía de la popularidad, sino del control. Fue el arquitecto de una narrativa que convirtió al gobierno en una causa moral y al disenso en una forma de traición. Bajo su diseño, la política dejó de ser un ejercicio de administración pública para convertirse en una batalla simbólica donde la verdad dejó de importar y lo único relevante fue la utilidad de cada versión.
RUMORES Por eso, los rumores sobre su salida del gabinete de Claudia Sheinbaum y su posible traslado a Morena no deben interpretarse como un desplazamiento, sino como una maniobra de supervivencia del propio régimen. Cuando un operador se vuelve demasiado visible, demasiado identificado con los mecanismos internos del poder, deja de ser un activo público y se convierte en un riesgo estructural. La solución no es expulsarlo. Es esconderlo donde pueda seguir operando sin ser observado.
MAQUINARIA Morena no es un partido en el sentido tradicional. Es la estructura diseñada para garantizar la permanencia del proyecto más allá de los hombres que lo iniciaron. Y colocar a Jesús Ramírez en el control de su narrativa sería asegurar que la maquinaria ideológica continúe funcionando sin interrupciones. Porque el verdadero poder nunca estuvo en los cargos visibles, sino en la capacidad de definir qué es verdad y qué debe ser olvidado.
MÉTODO El libro de Scherer no revela una anomalía. Revela el método. El uso del Estado como herramienta de fidelidad. La construcción de lealtades financiadas con recursos públicos. La conversión del poder en un sistema de preservación de sí mismo. Y en ese sistema, hombres como Jesús Ramírez no son un accidente. Son una necesidad.
OBEDIENCIA Los regímenes autoritarios no se construyen con figuras carismáticas. Se construyen con operadores que entienden que el poder no necesita ser admirado. Solo necesita ser obedecido. Y cuando finalmente dejan de ser visibles, no es porque hayan desaparecido, sino porque han pasado a formar parte de la estructura permanente que garantiza que el poder, pase lo que pase, nunca abandone el poder.
Hasta mañana.