POPOL VUH 313

Por Mario Candia

10/2/26

PROPIEDAD Las democracias no colapsan de golpe. No hay un estruendo, ni un tanque cruzando la plaza, ni un decreto que anuncie el fin de la libertad. La democracia es una criatura más frágil, más sutil. No muere por asesinato. Muere por abandono. Muere cuando quienes llegan al poder dejan de verlo como un mandato temporal y comienzan a tratarlo como una propiedad personal. Muere cuando la ambición deja de ser un instrumento y se convierte en un destino.

PODER El poder, como la humedad, no irrumpe. Se filtra. Se adhiere a las convicciones, las reblandece, las deforma, hasta que quienes lo ejercen ya no recuerdan quiénes eran antes de tenerlo. La historia está llena de redentores que terminaron convertidos en aquello que prometieron destruir. Porque el poder no se limita a revelar la naturaleza de los hombres. La reescribe. Los transforma. Los moldea a su imagen.

MANUAL Hay una escena inquietante en la serie Rabbit Hole (Paramount+. 2023) donde se describe, sin metáforas, el manual de captura de un país: primero, socavar la confianza de la gente en los medios de comunicación para que comiencen a dudar de la verdad misma; segundo, polarizar a la sociedad hasta que los ciudadanos dejen de verse como semejantes y comiencen a verse como enemigos, porque cuando el adversario deja de ser humano, sus derechos dejan de ser un obstáculo; tercero, marginar a los expertos, desacreditar a los intelectuales, porque una sociedad que deja de escuchar a quienes saben se vuelve maleable; y finalmente el cuarto, elevar a un líder carismático que prometa restaurar el orden, alguien lo suficientemente creíble para ser seguido, pero lo suficientemente dependiente para ser controlado. Y entonces viene la frase final, la más perturbadora de todas: no hay paso cinco. El país ya es tuyo.

LÍMITES Ese es el punto exacto donde la democracia deja de existir, aunque las elecciones continúen, aunque las instituciones permanezcan en pie, aunque las formas sigan intactas. Porque la democracia nunca fue el ritual del voto. Fue la existencia de límites. Y cuando esos límites se disuelven, lo que queda no es una dictadura visible, sino algo más eficaz: una simulación de democracia donde el poder ya no enfrenta resistencia real.

ABUSOS Morena nació como una promesa de redención histórica. Su narrativa fundacional fue la de una cruzada contra los abusos del poder, contra la manipulación, contra el control de la verdad, contra el viejo régimen que había convertido al Estado en un instrumento de sí mismo. Su legitimidad no provenía solo de las urnas. Provenía de la esperanza. De la convicción de que esta vez sería distinto.

TRANSFORMACIÓN Pero el poder no distingue entre redentores y verdugos. Los devora por igual. Lo que estamos presenciando no es la transformación del país. Es la transformación de quienes lo gobiernan. La mutación progresiva de un movimiento que nació denunciando la concentración del poder y que hoy la ejerce con la misma naturalidad que sus antecesores. 

EQUILIBRIOS La transición silenciosa de víctimas a administradores, de opositores a propietarios, de críticos a guardianes del mismo sistema que juraron sepultar. Ese es el destino final de los movimientos que confunden el acceso al poder con el derecho a conservarlo. Porque el poder nunca se entrega voluntariamente. Se retiene. Se justifica. Se racionaliza. Se convierte en causa. Y cuando eso ocurre, cuando la permanencia sustituye al propósito y el control sustituye al ideal, la democracia deja de ser un sistema de equilibrios y se convierte en una estructura de conservación. No es una traición súbita. Es una erosión gradual.

ADVERTENCIA Y cuando finalmente ocurre, cuando el poder logra liberarse de sus límites sin necesidad de romperlos abiertamente, no hay un momento preciso que marque el final. No hay un quinto paso. Porque para entonces, sin que nadie lo advierta del todo, el país ya dejó de pertenecer a sus ciudadanos.

Hasta mañana.

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