Por Mario Candia
CREYENTE El poder no se equivoca cuando elige a sus fanáticos. Se equivoca cuando cree que podrá deshacerse de ellos sin consecuencias. Porque el fanático no es un técnico. Es un creyente. Y los creyentes no administran ideas: las defienden como si fueran verdades sagradas.
COMISARIO Marx Arriaga no se atrincheró en una oficina. Se atrincheró en una convicción. La escena es profundamente reveladora: el arquitecto de los nuevos libros de texto gratuitos resistiéndose a abandonar el espacio desde donde intentó redefinir la conciencia histórica de millones de niños mexicanos. No es la reacción de un funcionario desplazado. Es la reacción de un comisario cultural convencido de que su misión está por encima de cualquier estructura administrativa. Porque Arriaga nunca se asumió como un servidor público. Se asumió como un evangelizador.
DOGMAS Su mayor confesión no fue lo que dijo al salir, sino lo que Mario Delgado confirmó: no estaba dispuesto a cambiar ni una coma. Esa frase debería helar la sangre de cualquier sociedad democrática. Porque la educación es, por definición, un territorio en permanente revisión. El conocimiento avanza, se corrige, se debate. Solo los dogmas permanecen intactos. La negativa a modificar una sola palabra no es un acto de rigor académico. Es un acto de fe.
TRINCHERA La educación forma ciudadanos. El adoctrinamiento forma creyentes. La primera enseña a pensar. El segundo enseña qué pensar. La diferencia es sutil, pero define el destino de una nación. Cuando el contenido educativo deja de ser un espacio de exploración crítica y se convierte en un instrumento de reafirmación ideológica, el aula deja de ser escuela y se convierte en trinchera.
COLECTIVOS Que colectivos ideológicamente alineados hayan salido en su defensa con pliegos petitorios que incluyen exigencias salariales revela la naturaleza real del conflicto. No se está defendiendo un modelo pedagógico. Se está defendiendo un proyecto político. Arriaga no era solo un funcionario. Era el divulgador de una narrativa histórica funcional al poder. El problema no es que tuviera una visión política. El problema es que intentó convertir esa visión en verdad oficial.
ESTABILIDAD La propia presidenta ha intentado contener el incendio asegurando que los libros no cambiarán. Es una declaración que busca transmitir estabilidad, pero que confirma el fondo del problema. Si el contenido es incuestionable, deja de ser educativo y se convierte en doctrinario. La educación auténtica no teme la revisión. La necesita.
INCÓMODOS Los fanáticos son indispensables en la demolición del pasado. Son eficaces para destruir estructuras, desacreditar tradiciones y reemplazar relatos. Pero son profundamente incómodos cuando llega el momento de administrar el presente. Porque el fanático no negocia. No matiza. No duda. Y el poder, por encima de todo, necesita control.
OBEDIENCIA Marx Arriaga no cayó por fracasar. Cayó por cumplir su función. Fue útil mientras el objetivo era dinamitar el modelo educativo anterior. Pero una vez consolidado el nuevo relato, su radicalismo dejó de ser una herramienta y se convirtió en un riesgo. El poder no conserva a los creyentes. Conserva a los obedientes.
Hasta mañana.