Por Mario Candia
23/2/26
LA OPOSICIÓN La oposición mexicana decidió reinventarse justo cuando ya nadie cree en los partidos. Somos MX nace —o intenta nacer— en el momento más adverso posible: cuando el electorado no solo desconfía del gobierno, sino también de quienes dicen combatirlo. Y esa es la primera paradoja.
HEGEMONÍA México vive bajo la hegemonía política de Morena, una fuerza que no solo administra el poder, sino que administra el relato moral del país. No gobierna únicamente con mayoría legislativa; gobierna con superioridad narrativa. Frente a eso, la oposición tradicional se fue desmoronando como edificio mal cimentado: el PRI reducido a franquicia regional, el PAN atrapado entre su ala conservadora y su pragmatismo oportunista, el PRD convertido en recuerdo. No fueron derrotados únicamente en las urnas; fueron derrotados en legitimidad.
SOMOS MX Y en ese paisaje aparece Somos MX, con figuras de prestigio institucional como Lorenzo Córdova, José Ramón Cossío y Javier Laynez Potisek. El mensaje es claro: defensa del Estado de derecho, institucionalismo, contrapesos, legalidad. Todo eso es valioso. Todo eso es necesario. Pero la pregunta incómoda es otra: ¿eso es lo que moviliza votos hoy?
MORENA Morena no ganó por manual constitucional. Ganó por emoción, por agravio acumulado, por resentimiento social administrado con precisión quirúrgica. Ganó porque supo convertir la política en moral pública: buenos contra malos, pueblo contra élites, historia contra privilegio. Y aquí es donde Somos MX enfrenta su dilema fundacional: si se presenta como restauración institucional, corre el riesgo de ser leído como restauración del viejo orden. Y si intenta disfrazarse de movimiento ciudadano insurgente, su propia composición lo delata.
TERRITORIO Porque no basta con cambiar el membrete. La ciudadanía no está esperando una reedición elegante de lo que ya castigó. Está esperando respuestas concretas a inseguridad, inflación, servicios públicos deteriorados y concentración de poder. Si Somos MX no logra articular una propuesta social clara y territorial —no solo jurídica—, quedará atrapado en el nicho de la clase media ilustrada que debate en foros, pero no opera en colonias.
NARRATIVA Enfrentar a Morena no es competir en conferencias de prensa; es disputar estructura, narrativa y calle. Morena tiene comités, programas sociales, lealtades construidas durante años. Tiene identidad. ¿Qué tiene Somos MX además de buena reputación curricular? La incomodidad es inevitable: ¿estamos ante un partido nuevo o ante el salvavidas de una élite política que busca reacomodo? ¿Es una alternativa real o un ejercicio testimonial? ¿Quiere conquistar el poder o solo evitar que desaparezca el espacio de quienes lo perdieron?
LA DIFERENCIA Quizá lo más crudo sea admitir que la oposición no está desacreditada únicamente por campañas oficiales. Está desacreditada por su propia omisión, por su tibieza, por su incapacidad de asumir errores históricos. Sin autocrítica profunda, ningún proyecto nuevo será creíble. Somos MX puede convertirse en algo distinto. Pero para lograrlo tendría que romper con el confort de la restauración y atreverse a disputar el imaginario popular, no solo la técnica legislativa. Tendría que dejar de hablarle al pasado y comenzar a hablarle al miedo y a la esperanza del presente. Si no lo hace, será otro partido que nació con registro… y murió sin pueblo.
Hasta mañana.