Por Mario Candia
9/3/26
EPICENTRO “México es el epicentro de la violencia criminal en el hemisferio”. La frase, pronunciada por Donald Trump durante la reunión del llamado Escudo de las Américas, no fue una ocurrencia improvisada ni un exceso retórico. Fue el punto de partida de toda una narrativa geopolítica que busca justificar la construcción de una nueva arquitectura de seguridad continental. Dicho de otra forma: antes incluso de explicar la alianza, Trump ya había definido al problema… y ese problema tenía nombre y territorio.
REUNIÓN La reunión se celebró en Florida y congregó a un grupo cuidadosamente seleccionado de líderes latinoamericanos. Entre los asistentes estuvieron el presidente argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa, el salvadoreño Nayib Bukele, el dominicano Luis Abinader, el costarricense Rodrigo Chaves Robles, el paraguayo Santiago Peña, el panameño José Raúl Mulino y el presidente de Guyana Mohamed Irfaan Ali. También participaron representantes de Bolivia, Honduras y Trinidad y Tobago, cuya primera ministra Kamla Persad-Bissessar acudió personalmente.
AFINES Hubo además una presencia políticamente significativa: la del presidente electo de Chile, José Antonio Kast, quien aún no asume el poder pero fue invitado como símbolo del giro político que se anticipa en ese país. Su asistencia terminó de perfilar el carácter ideológico del encuentro: una reunión donde predominaban gobiernos o liderazgos afines a la visión de seguridad que promueve Trump.
FOTOGRAFÍA Pero en política internacional, lo que no aparece en la fotografía suele ser tan importante como lo que sí aparece. En esa mesa no estuvieron México, Brasil ni Colombia, tres de los países más grandes y estratégicos del continente. La exclusión difícilmente puede atribuirse a una casualidad diplomática. Más bien parece el resultado de una selección deliberada que privilegió afinidades políticas sobre la representatividad regional.
ESCUDO El llamado Escudo de las Américas, presentado como una alianza continental para combatir al crimen organizado, terminó configurándose así como una coalición política antes que hemisférica. Un bloque donde la prioridad es endurecer la cooperación militar, reforzar el control migratorio y enfrentar a los cárteles con herramientas de seguridad que hasta hace pocos años habrían sido impensables en el discurso diplomático regional.
AMENAZA Paradójicamente, aunque México no fue invitado al encuentro, sí ocupó el centro del diagnóstico. Trump sostuvo que los cárteles mexicanos son responsables de gran parte del derramamiento de sangre que afecta al continente y sugirió que la magnitud del problema exige una respuesta coordinada entre los ejércitos de la región. En su lógica, el crimen organizado ha alcanzado un nivel de amenaza comparable al de actores militares o terroristas.
TERRITORIO Al mismo tiempo, el mandatario estadounidense se refirió a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum como una “muy buena persona”, una fórmula diplomática que intentó suavizar una acusación estructural mucho más dura. Porque, en el fondo, el mensaje era otro: el problema no es necesariamente el gobierno mexicano, sino el territorio mexicano convertido en plataforma de operación del crimen organizado. La paradoja es evidente. México no estuvo sentado en la mesa donde se discutió la seguridad del hemisferio… pero fue colocado en el centro de la amenaza que supuestamente justifica la creación de esta nueva alianza continental.
PACTO Así funciona la política internacional cuando decide hablar sin eufemismos. A veces los países que no participan en la conversación terminan siendo el tema principal de la conversación. El Escudo de las Américas nace como un pacto de seguridad regional. Pero también podría ser el síntoma de algo más profundo: un continente que comienza a reorganizarse alrededor del miedo, la violencia y la desconfianza. Y en ese tablero, México aparece en la posición más incómoda de todas: ausente en la mesa, pero señalado como el epicentro.
Hasta mañana.