Por Mario Candia
13/3/26
JUSTICIA SOCIAL En política suele repetirse un lugar común: que el crecimiento económico terminará, tarde o temprano, por derramar bienestar sobre toda la sociedad. La famosa teoría del “goteo”. Sin embargo, hay datos que desmontan esa narrativa con la crudeza de un espejo. Uno de ellos es el Índice de Justicia Social de la OCDE, elaborado por la fundación Bertelsmann Stiftung, que mide qué tan justas son las sociedades modernas en términos de oportunidades, inclusión, educación, salud y movilidad social.
LOS MEJORES Los resultados son reveladores. Los cinco países con mayor justicia social en el mundo pertenecen al mismo vecindario geográfico y cultural: Islandia, Noruega, Dinamarca, Finlandia y Suecia. No es casualidad. Son los países nórdicos, los mismos que durante décadas han construido un modelo de Estado que combina mercado dinámico con una poderosa red de protección social.
LOS PEORES En el extremo opuesto del ranking aparece México. El último lugar. Debajo incluso de economías con problemas estructurales severos como Grecia o Turquía. Y muy lejos de países que, con menos recursos naturales o población mucho menor, han logrado construir sociedades más equitativas. El dato debería incomodarnos más de lo que lo hace.
OPORTUNIDADES Porque México no es un país pobre en sentido estricto. Es la economía número quince del mundo. Produce automóviles, exporta manufacturas complejas, tiene tratados comerciales con medio planeta y presume estabilidad macroeconómica. Sin embargo, cuando se mide la justicia social, el país se desploma. La razón es sencilla y brutal: el problema no es cuánto produce México, sino cómo se reparten las oportunidades.
DESIGUALDAD Aquí la educación depende demasiado del código postal. La movilidad social es una de las más bajas de la OCDE. La informalidad laboral sigue siendo el destino de millones de trabajadores. Y el acceso a servicios básicos continúa marcado por profundas brechas regionales. El resultado es una economía relativamente grande montada sobre una estructura social profundamente desigual.
USA Quizá el dato más paradójico del índice es que Estados Unidos —la mayor potencia económica del planeta— también aparece en la parte baja del ranking. Lo que confirma una verdad incómoda para el discurso liberal clásico: el tamaño de la economía no garantiza justicia social. Los países nórdicos lo entendieron hace décadas. El crecimiento económico, por sí solo, no construye sociedades justas. Para eso se necesitan instituciones fuertes, políticas públicas consistentes y un pacto social que entienda el bienestar colectivo como una inversión, no como un gasto.
EL FONDO México, en cambio, lleva décadas discutiendo entre dos extremos igualmente estériles: el Estado ausente o el asistencialismo electoral. Entre ambos, la justicia social sigue esperando. Y mientras tanto, en los rankings internacionales, el país permanece donde menos debería estar: en el fondo de la tabla.
Hasta el lunes.