POPOL VUH 336

Por Mario Candia

18/3/26

REVOCACIÓN Hay decisiones que no cambian las reglas del juego… cambian el tablero. La intención de Claudia Sheinbaum de empatar la revocación de mandato con la elección de 2027 no es un ajuste técnico, es una jugada de ingeniería política de alto calibre: convertir una elección en un plebiscito y, de paso, colocarse ella misma en la boleta.

INSTRUMENTO La revocación de mandato nació —al menos en el discurso— como un instrumento de control ciudadano. Una especie de válvula democrática para destituir a quien no cumple. Pero al sincronizarla con el proceso electoral, su naturaleza se deforma: deja de ser un juicio para convertirse en una ratificación masiva. Ya no se trata de evaluar al poder, sino de movilizarlo.

CONTINUIDAD Porque hay que decirlo sin rodeos: en 2027 no solo se elegirán cargos, se votará por la permanencia simbólica del proyecto presidencial. Y eso cambia todo. La oposición competirá por espacios; Morena competirá por espacios… y por la continuidad del poder. No es lo mismo.

VENTAJA El punto más delicado no es jurídico, es político. Si la presidenta aparece en la boleta, aunque sea bajo la figura de revocación, entra de lleno en la contienda. Y cuando el Ejecutivo compite, no lo hace en condiciones de igualdad: lo hace con la maquinaria del Estado detrás, con la narrativa diaria de gobierno, con los programas sociales como telón de fondo y con una exposición mediática imposible de replicar.

CONTROL Es, en términos llanos, una campaña desde el poder. Y aquí es donde la democracia empieza a tensarse. Porque la revocación, diseñada para limitar al poder, termina potenciándolo. Lo que debía ser un mecanismo de control se convierte en un dispositivo de movilización. Una especie de músculo electoral financiado con oxígeno institucional. No es casualidad. Es cálculo.

DEBATE Empatar la revocación con la elección no solo incrementa la participación —ese es el argumento oficial—, también garantiza que el nombre de la presidenta esté en el centro del debate político nacional en el momento más crítico del ciclo electoral. Es decir, en lugar de retirarse del escenario para permitir la competencia, el poder se coloca en primera fila… y con micrófono abierto.

EQUILIBRIO La pregunta de fondo no es si es legal. Probablemente lo será. La pregunta es si es sano para el equilibrio democrático. Porque cuando quien gobierna también hace campaña, la línea entre Estado y partido se vuelve borrosa. Y cuando esa línea se borra, lo que sigue no es competencia: es ventaja estructural. La revocación, así planteada, ya no sería un juicio ciudadano. Sería la campaña más grande jamás organizada desde el poder.

Hasta mañana.

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