POPOL VUH 341

Por Mario Candia
25/3/26


REQUISITOS Hay decisiones de Estado que no se anuncian como persecución, pero operan como tal. No llegan con estridencias, sino envueltas en el lenguaje burocrático del “cumplimiento” y la “normatividad”. Así, sin ruido, el Servicio de Administración Tributaria ha cancelado la autorización para recibir donativos a más de un centenar de organizaciones civiles. El argumento es técnico: no cumplen requisitos. El efecto, profundamente político: asfixia.
DONATARIA El dato no es menor. Convertirse en donataria autorizada en México es una carrera de obstáculos que puede tomar casi cinco meses, atravesando notarías, registros, validaciones fiscales y publicaciones oficiales. Un viacrucis institucional que parece diseñado más para desalentar que para facilitar. Y aun así, después de ese recorrido, la autorización puede desaparecer con la misma frialdad con la que se concede. Sin una explicación pública robusta, sin proporcionalidad, sin contexto.
SOCIEDAD CIVIL Desde 2019, más de mil 300 organizaciones han perdido ese estatus. No es una cifra aislada, es un patrón. Y los patrones en política rara vez son casuales. En la lista de afectados aparecen organismos incómodos: evaluadores de políticas públicas, promotores de transparencia, críticos del poder. No es que el Estado esté eliminando a las ONG; está redefiniendo cuáles pueden existir. Porque el mensaje es claro: la sociedad civil es bienvenida… siempre y cuando no incomode. Siempre y cuando no cuestione. Siempre y cuando no documente.
EXCEPCIÓN Pero hay algo más inquietante que la cancelación: la excepción. Hace apenas unos días, el expresidente Andrés Manuel López Obrador convocó públicamente a donar recursos para apoyar a Cuba, incluso difundiendo el número de cuenta de una asociación civil creada este mismo año. Lo extraordinario no fue la convocatoria, sino la velocidad: esa organización obtuvo en tiempo récord la autorización del SAT como donataria, un trámite que, para cualquier otra asociación, suele tomar meses.
DISCRECIONALIDAD Ahí es donde la narrativa oficial se resquebraja. Porque si el proceso es tan complejo, tan técnico, tan riguroso, ¿cómo se explica que algunos lo atraviesen como autopista y otros como campo minado? La discrecionalidad no siempre se declara; a veces se administra.
CONFIANZA La cancelación del permiso para recibir donativos no solo limita recursos; rompe el vínculo entre ciudadanía y causa. Le dice al donante: cuidado, esta organización ya no es confiable. Y le dice a la organización: tu existencia depende de nuestra tolerancia. Es, en términos prácticos, un mecanismo de disciplinamiento.
CONTRAPESOS Y aquí es donde la discusión deja de ser fiscal para convertirse en política. En las democracias funcionales, las organizaciones civiles son contrapesos, no adornos. Son las que vigilan, documentan, incomodan. Reducirlas a entes administrativos sujetos a la voluntad del poder es vaciar de contenido la participación ciudadana. No hace falta prohibirlas; basta con asfixiarlas o privilegiar selectivamente a otras. El resultado es el mismo: menos crítica, menos vigilancia, más poder concentrado. En México, la ley parece ser pareja… hasta que deja de serlo. Y cuando eso ocurre, la filantropía deja de ser un acto solidario para convertirse en un acto político. Y la democracia, en una simulación cuidadosamente administrada.
Hasta mañana.

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