Por Mario Candia
30/3/26
GUSANO En San Luis Potosí hay una plaga que no aparece en los discursos oficiales, pero que ya se mueve con precisión quirúrgica sobre la carne viva del campo: el gusano barrenador. Y no, no es una metáfora. Es una larva que devora tejido vivo, que convierte una herida en una cavidad abierta y que hoy, mientras la clase política anda en campaña permanente, comienza a incubar una crisis sanitaria, económica y moral.
CRISIS Los datos no son opinables. A nivel nacional, México acumula más de 16 mil casos de gusano barrenador desde su reaparición. En San Luis Potosí, el crecimiento ha sido abrupto: un aumento del 85% en cuestión de semanas, con presencia focalizada en la Huasteca, particularmente en Tamuín. Pero el dato que debería haber encendido todas las alarmas —y no lo ha hecho— es otro: ya hay al menos cuatro casos en humanos en el estado.
SALUD Ahí es donde se rompe la frontera. Porque mientras la plaga se mantuvo en el ganado, el problema podía administrarse con el viejo cinismo burocrático: boletines, fotos, recorridos, promesas. Pero cuando el gusano deja el lomo de la res y entra en el cuerpo humano, la narrativa se desploma. Ya no es un asunto del campo; es un problema de salud pública. Y eso exige algo que hoy parece escaso: gobierno.
CONTROL El gusano barrenador no es nuevo. México lo erradicó hace décadas mediante una estrategia compleja, costosa y sostenida en el tiempo: vigilancia epidemiológica, control de movilización y liberación masiva de moscas estériles para romper su ciclo reproductivo. Es decir, ciencia, disciplina y Estado. Tres palabras que hoy parecen fuera de moda.
PRINCIPIO Y aquí aparece el verdadero núcleo del problema, el que no se quiere decir en voz alta. La crisis no solo es biológica; es política. Durante años se ha instalado como dogma la idea —popularizada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador— de que la lealtad es más importante que la capacidad. El famoso principio no escrito del 10% de eficacia y 90% de fidelidad. Una lógica que, replicada sin matices por gobernadores y alcaldes, ha vaciado de técnica a la administración pública.
VARIABLES Y cuando una plaga como esta aparece, lo que se necesita no es lealtad: es conocimiento, experiencia, criterio técnico, capacidad de ejecución. Justo lo que ese modelo sacrifica. Pero hay otra capa de la crisis que suele ignorarse desde el escritorio: la del productor, el que está en el campo, el que carga con todas las variables al mismo tiempo. Porque para los ganaderos potosinos esto no es solo una emergencia sanitaria. Es un asedio múltiple.
ASEDIO Enfrentan la inflación que encarece insumos, los impuestos que no ceden, las medidas sanitarias que implican costos adicionales —curaciones, inspecciones, restricciones de movilización—, y además una amenaza mucho más cruda: la presión del crimen organizado. Extorsión, cobro de piso, abigeato. Es decir, no solo pierden animales por la plaga, también por la delincuencia. Y en medio de ese entorno, el Estado no aparece como escudo, sino como espectador.
CREDIBILIDAD Por si fuera poco, la credibilidad institucional tampoco ayuda. En San Luis Potosí, el titular de la Secretaría de Desarrollo Agropecuario y Recursos Hidráulicos (SEDARH) enfrenta señalamientos por presuntamente haber utilizado personal de su dependencia para trabajos en un rancho particular previo a una celebración familiar. Más allá de la resolución administrativa o legal que corresponda, el mensaje es devastador: mientras el campo enfrenta una crisis real, quienes deberían atenderla aparecen distraídos en asuntos personales. Ese es el tamaño del problema.
GANADEROS El escenario más oscuro no es difícil de imaginar, y los especialistas ya lo han advertido. Si no se contiene, el brote puede escalar en tres frentes simultáneos: más infestaciones en ganado, más casos humanos en comunidades vulnerables y restricciones comerciales que golpeen la cadena ganadera nacional. Traducido al español llano: menos dinero, más enfermedad y mayor descomposición institucional.
RIESGO Y sin embargo, lo que vemos es una respuesta fragmentada. El propio estado ha tenido que pedir más insumos a la federación, lo que contradice cualquier discurso de control absoluto. La UASLP ha advertido sobre el riesgo estacional. Productores empiezan a resentir los costos. Y aún así, no hay una narrativa de urgencia, no hay cortes públicos semanales, no hay un despliegue visible de contención. Hay, en cambio, lo de siempre: simulación.
IRREVERSIBLE Combatir esta plaga implica decisiones incómodas: restringir movilización de ganado, endurecer inspecciones, desplegar brigadas reales en campo, coordinar salud humana y veterinaria, y asumir costos políticos. Porque sí, cerrar el paso a animales infectados molesta, vigilar mercados incomoda y exhibir cifras reales desgasta. Pero no hacerlo es peor: es permitir que la infestación avance hasta que el daño sea irreversible.
METÁFORA El gusano barrenador es, en el fondo, una metáfora involuntaria del momento que vive el país. Una larva que se instala en la herida, que avanza mientras nadie la detiene, que prospera en la negligencia. No destruye de golpe; corroe lentamente, desde dentro. Como la corrupción, como la incompetencia, como la negación sistemática de la realidad.
LEALTADES San Luis Potosí está a tiempo de evitar una crisis mayor. Pero el margen se está cerrando. Y la pregunta ya no es sanitaria, sino estructural: ¿qué puede salir bien cuando quienes toman decisiones fueron elegidos por lealtad y no por capacidad? Porque el problema no es el gusano. El problema es todo lo que lo dejó avanzar.
Hasta mañana.