POPOL VUH 361

Por Mario Candia

23/4/26

RELEVO En política, los movimientos nunca son inocentes. Y en Morena, mucho menos.El anuncio de Claudia Sheinbaum de incorporar como asesora jurídica a la actual dirigente del partido no es un simple ajuste administrativo: es una reconfiguración quirúrgica del poder. Una cirugía mayor en el corazón del obradorismo que revela, sin decirlo, que el 2027 ya empezó. Porque mover a la presidenta de Morena fuera del partido implica abrir la puerta a una nueva estructura de control. Y ahí aparece el nombre clave: Ariadna Montiel.No es casualidad. No es un relevo más. Es, probablemente, la jugada más estratégica del sexenio.

PROGRAMAS SOCIALES Montiel no sólo ha operado los programas sociales de la llamada Cuarta Transformación; ha administrado, actualizado y depurado el mayor padrón clientelar del país. Millones de beneficiarios, con nombre, apellido, domicilio y dependencia económica directa del Estado. Un instrumento político de precisión quirúrgica.En un escenario ideal —para Morena—, ese padrón es estructura electoral. En uno adverso, es la única red de contención. Y ahí es donde entran los números.

MÉTRICAS La narrativa oficial insiste en estabilidad, pero las métricas independientes empiezan a dibujar otra cosa. El más reciente corte de Morning Consult coloca a Claudia Sheinbaum con apenas 47% de aprobación, frente a un 45% de desaprobación. Un empate técnico que, en términos políticos, no es equilibrio: es alerta.

MEDICIONES INTERNAS Más aún, cuando se desmenuza el dato territorial, la caída es consistente. Estados que antes eran bastiones hoy muestran desgaste, y el promedio nacional (69.1% en medición interna por estados) ya no alcanza para ocultar la tendencia descendente. No es un desplome, pero sí una erosión sostenida. Una gotera que, si no se atiende, termina colapsando el techo. Morena lo sabe.

ESTRATEGIA Por eso el movimiento no es ideológico, es táctico. Sacar a perfiles del partido, recolocar piezas y, sobre todo, blindar la estructura electoral antes de que el desgaste presidencial se convierta en costo electoral. La eventual llegada de Montiel a la dirigencia no sería para administrar el partido, sino para operarlo. Para convertirlo en maquinaria pura, aceitada desde el bienestar social hasta la movilización territorial. Una especie de fusión entre política pública y estrategia electoral.

CONTROL OPERATIVO Y en paralelo, el desplazamiento de figuras como Andrés López Beltrán o su exclusión de posiciones clave no es menor: indica que la lógica hereditaria empieza a ceder frente a la lógica de control operativo. Morena entra así en una nueva etapa: menos movimiento, más aparato. Menos discurso, más cálculo. Porque cuando un gobierno empieza a perder aire en las encuestas, el partido deja de ser plataforma ideológica y se convierte en sistema de contención. Y en esa transición, Ariadna Montiel no es una opción. Es el plan.

Hasta mañana.

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