POPOL VUH 364

Por Mario Candia

28/4/26

SALUD Hay una fractura que ya no se puede disimular en el sistema de salud mexicano: no es solo la falta de medicamentos o de médicos, es la distancia cada vez más evidente entre el país que se describe desde el poder y el país que se vive en la calle. Esa grieta quedó expuesta en Hidalgo, donde la presidenta Claudia Sheinbaum fue confrontada directamente por ciudadanos que, sin intermediarios ni cifras, le dijeron lo que el aparato institucional insiste en matizar: no hay medicinas, no hay personal, no hay atención. La reacción inicial —duda, sorpresa, promesa de verificación— no solo evidenció el problema, evidenció algo más delicado: la desconexión. Porque cuando el poder necesita comprobar lo que la gente padece todos los días, el problema ya no es técnico, es político.

DOS RELATOS Desde las mañaneras, el relato es otro. Ahí, el sistema de salud avanza, se consolida, se integra bajo el modelo de IMSS-Bienestar y se acerca, al menos en el discurso, a la promesa de universalidad. Es una narrativa ordenada, respaldada por porcentajes de abasto, compras consolidadas y metas cumplidas. Pero ese país estadístico no resiste el contraste con el territorio. Porque mientras arriba se habla de cobertura, abajo se acumulan testimonios. Mientras se presume eficiencia, en los estados se multiplican las carencias. No es un desfase menor: es una duplicidad de realidades.

SAN LUIS San Luis Potosí confirma que no se trata de un episodio aislado, sino de un patrón. En el Hospital Central “Hospital Central Ignacio Morones Prieto”, la discusión ya no gira en torno a la calidad del servicio, sino a condiciones básicas de operación: la posible suspensión de alimentos para personal médico en jornadas de hasta 12 horas revela un nivel de precariedad que no puede explicarse como excepción. Lo que está en juego no es una prestación laboral, es la viabilidad misma del sistema. Cuando quienes sostienen la atención comienzan a ser afectados, el deterioro deja de ser silencioso y se vuelve estructural.

COLAPSO La situación escala cuando se observan los casos del IMSS en la entidad: pacientes psiquiátricos abandonados en urgencias sin atención especializada durante horas, personal médico enfrentando agresiones y condiciones de inseguridad dentro de las propias clínicas, entornos hospitalarios que operan más cerca del colapso que de la normalidad. Este no es un problema de percepción ni de casos aislados, es la manifestación de un sistema que perdió capacidad de respuesta y que, sin embargo, mantiene intacta su narrativa de éxito.

DOS CLAUDIAS Ahí es donde el señalamiento de Carlos Loret de Mola adquiere relevancia más allá de la polémica: las dos Sheinbaum no son una exageración mediática, son una descripción funcional del momento político. La presidenta de las mañaneras, respaldada por cifras y diagnósticos optimistas, y la presidenta de las giras, confrontada por reclamos que no caben en los reportes oficiales. Dos versiones que coexisten, pero que cada vez se contradicen con mayor fuerza.

DINAMARCA En ese contexto, la promesa heredada de Andrés Manuel López Obrador —un sistema de salud como el de Dinamarca— ya no funciona ni siquiera como aspiración. Hoy opera como contraste. Porque lo que se observa no es un modelo en transición hacia la eficiencia, sino un sistema que fue reconfigurado sin garantizar su funcionamiento. Se centralizó la operación sin asegurar la distribución, se amplió la cobertura sin fortalecer la infraestructura, y se sostuvo una narrativa de bienestar que no resiste el contacto con la experiencia cotidiana.

LA REALIDAD La pregunta ya no es si hay fallas en el sistema de salud. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse un gobierno que administra dos realidades al mismo tiempo. Porque mientras una se construye con datos, la otra se impone con hechos. Y en política, tarde o temprano, la realidad termina por imponerse sobre cualquier narrativa.

Hasta mañana.

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