Por Mario Candia
29/4/26
INFLACIÓN Hay algo profundamente revelador cuando el poder político habla en tono de victoria mientras el poder técnico lo hace en tono de cautela. No es solo una diferencia de matiz: es una grieta. Y esa grieta hoy se llama inflación. Mientras desde Palacio Nacional se insiste en que la economía mexicana navega con estabilidad, casi como si hubiera domesticado a la inflación, la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, compareció ante legisladores para decir, sin estridencias y sin concesiones, algo muy distinto: el problema no está resuelto, apenas está contenido.
ECONOMÍA La inflación, en efecto, ha bajado. Pero no por eso ha desaparecido. Lo que Banxico dejó claro es que el fenómeno mutó. Ya no es solo el golpe externo de los precios internacionales o de las cadenas de suministro rotas; ahora vive dentro de casa, incrustado en los servicios, en la vivienda, en la comida preparada, en la estructura misma de la economía. Es una inflación que se volvió doméstica, persistente, casi estructural. Dicho en términos menos técnicos: el paciente dejó de desangrarse, pero sigue en terapia intensiva. Ysin embargo, el discurso político insiste en darlo de alta.
CAUTELA La diferencia no es menor. Porque mientras el gobierno construye una narrativa de recuperación, Banxico sostiene una política monetaria restrictiva, con tasas altas y cautela prolongada. Es decir, mientras uno celebra, el otro sigue apretando el cinturón. Dos diagnósticos conviviendo en el mismo país, pero no en la misma realidad.
DESGASTE El problema es que la inflación no es un asunto de percepción, sino de desgaste. Es el impuesto invisible que erosiona el ingreso, que castiga al consumo, que precariza sin hacer ruido. Y cuando se normaliza, cuando se le baja el volumen en el discurso oficial, se vuelve aún más peligrosa. Porque deja de ser urgencia y se convierte en costumbre. Banxico, atado a su mandato técnico, no puede caer en triunfalismos. Su lenguaje es otro: habla de riesgos al alza, de presiones salariales, de volatilidad internacional, de convergencia gradual. Traducción simple: el escenario sigue siendo frágil.
CONFIANZA Pero hay algo más inquietante en el fondo. La inflación no solo mide precios; también mide credibilidad. Y cuando la narrativa política se adelanta a la realidad económica, lo que se erosiona no es solo el poder adquisitivo, sino la confianza. México hoy vive una paradoja: una economía que crece, pero con debilidad; una inflación que baja, pero no cede; un gobierno que presume estabilidad, mientras su banco central actúa como si aún estuviera en emergencia. No es estabilidad. Es contención asistida. Y en política económica, confundir una cosa con la otra suele salir caro.
Hasta mañana.