POPOL VUH 379

Por Mario Candia

3/6/26

DAR ES DAR Hace más de tres décadas, Fito Páez escribió una canción que parecía demasiado simple para encerrar una verdad tan profunda. “Dar es dar”, repetía una y otra vez el músico argentino, como si quisiera convencernos de algo que hemos olvidado. Dar sin condiciones. Dar sin esperar nada a cambio. Dar sin llevar cuentas. Dar porque sí. Dar porque todavía existe algo más importante que el cálculo y la conveniencia. Esta semana, una familia potosina convirtió aquella canción en una lección de vida.

MELANIE Melanie Satzuki Bautista Negrete tenía apenas once años. Era una niña como miles de niñas. Estudiaba quinto grado de primaria, tenía sueños, amigos, proyectos y una vida entera por descubrir. Sus maestros la recuerdan alegre, responsable y comprometida. Estaba por integrarse a la escolta de su escuela. Todo indicaba que apenas comenzaba a escribir la historia de su vida. Pero el destino tenía otros planes.

TRAGEDIA La tragedia golpeó a su familia con una violencia imposible de describir. Ninguna palabra alcanza para explicar el dolor de unos padres que deben despedir a una hija. No existe orden natural capaz de justificar que una niña parta antes que quienes le dieron la vida. Es una herida que desafía toda lógica y toda resignación. Sin embargo, en medio de ese dolor insoportable, ocurrió algo extraordinario.

DONACIÓN Su familia tomó una decisión que exige una fortaleza moral inmensa. Decidió donar sus órganos. El corazón de Melanie fue trasladado a la Ciudad de México. Su hígado y sus riñones viajaron a Monterrey. Sus córneas permanecieron en San Luis Potosí. Gracias a esa decisión, varias personas recibieron una nueva oportunidad para vivir, para abrazar a sus hijos, para volver a casa, para seguir construyendo historias que quizá estaban a punto de terminar.

INMENSIDAD Y entonces resulta imposible no recordar aquella frase de Fito Páez: “Dar es dar”. Porque eso fue exactamente lo que hicieron. No hubo condiciones. No hubo recompensas. No hubo reflectores suficientes para compensar una pérdida tan devastadora. Hubo simplemente un acto de amor inmenso. Uno de esos actos que nos recuerdan que la condición humana también es capaz de producir belleza en medio de la desgracia.

TRANSACCIÓN Vivimos en tiempos extraños. Tiempos donde casi todo parece una transacción. Donde las personas preguntan primero qué van a recibir antes de decidir qué están dispuestas a entregar. Donde la solidaridad suele medirse en fotografías, publicaciones o reconocimientos públicos. Quizá por eso historias como la de Melanie nos conmueven tanto. Porque aparecen para recordarnos que todavía existen personas capaces de dar sin esperar nada.

TRASCENDENCIA La escuela donde estudiaba la despidió con globos blancos, flores y aplausos. Sus compañeros lloraron su ausencia. Sus maestros recordaron su alegría. Pero mientras esa comunidad escolar le decía adiós, en algún hospital alguien recibía una noticia que parecía imposible. Un corazón comenzaba a latir nuevamente. Un órgano llegaba a tiempo. Una esperanza regresaba. Tal vez esa sea la forma más hermosa de trascendencia que existe. No la que otorgan los cargos públicos, los monumentos o los libros de historia. Sino la que permite que una vida continúe iluminando otras vidas mucho después de haberse marchado.

ESPERANZA Esta semana San Luis Potosí lloró la partida de una niña de once años. Pero también fue testigo de una de las expresiones más luminosas de generosidad que puede ofrecer una familia. Mientras varias personas reciben una nueva oportunidad para seguir adelante, Melanie deja una enseñanza que vale más que cualquier discurso. La vida no se mide por el tiempo que permanecemos aquí, sino por la luz que dejamos cuando nos vamos. Y algunas personas, incluso viviendo muy poco, dejan una eternidad detrás de ellas.Dar es dar.

Hasta mañana.