Por Mario Candia
3/6/26
NARCOPARTIDO La política suele ser injusta. A veces condena sin pruebas y otras absuelve con montañas de evidencias. Pero existe una sentencia contra la que ningún partido puede apelar y que termina siendo más poderosa que cualquier tribunal: la percepción pública. Esta semana apareció un dato que debería encender todas las alarmas en Morena. Una encuesta nacional de Massive Caller preguntó a los ciudadanos qué partido político relacionaban más con el término “narcopartido”. El resultado fue contundente. Casi la mitad de los encuestados, el 44.5 por ciento, señaló al partido gobernante. Muy por encima del PAN y del PRI, organizaciones que durante décadas cargaron con acusaciones similares y que parecían destinadas a monopolizar ese descrédito.
DEMOSCOPIA La encuesta por sí misma no prueba nada. No constituye evidencia judicial, no acredita delitos ni determina responsabilidades. Lo que sí demuestra es algo políticamente devastador: una parte importante de la sociedad comienza a asociar espontáneamente a Morena con el fenómeno del narcotráfico. El dato habría pasado como una simple fotografía demoscópica de no ser porque llegó acompañado de otra noticia aún más delicada. Los Angeles Times publicó que autoridades estadounidenses investigan a los gobernadores morenistas Alfonso Durazo, de Sonora, y Américo Villarreal, de Tamaulipas, por presuntos vínculos con organizaciones criminales.
L.A. TIMES El reportaje asegura además que ambos habrían perdido sus visas estadounidenses. Los gobiernos estatales involucrados rechazaron inmediatamente esas versiones y negaron cualquier investigación en su contra. Lo relevante no es determinar desde esta tribuna quién tiene razón. Para eso existen las autoridades, los expedientes y los tribunales. Lo verdaderamente importante es observar cómo ambas historias terminan alimentando una misma narrativa.
IMPLACABLE Durante años Morena construyó su legitimidad denunciando la corrupción del viejo régimen. El PRI era el partido de los saqueos. El PAN el de los privilegios. Morena representaba la regeneración moral. Sin embargo, el desgaste del poder es implacable. Después de casi una década gobernando el país, los señalamientos que antes apuntaban hacia otros comienzan ahora a dirigirse hacia quienes ocupan los principales cargos públicos.
REPUTACIÓN La política funciona muchas veces como la herrería. No basta con ser limpio. También hay que evitar oler a humo. Cuando un partido comienza a aparecer de manera recurrente en investigaciones internacionales, en expedientes judiciales, en acusaciones de vínculos criminales o en reportajes de medios extranjeros, la discusión deja de ser jurídica y se convierte en reputacional.
PERCEPCIÓN Quizá el dato más inquietante para Morena no sea la encuesta. Tampoco el reportaje del diario angelino. Lo preocupante es la combinación de ambos fenómenos. Cuando una percepción ciudadana encuentra eco en acontecimientos de la realidad, aunque éstos aún no estén plenamente acreditados, comienza a formarse una marca política. Y las marcas, para bien o para mal, suelen durar mucho más que los gobiernos. Porque en política, como en la vida, hay acusaciones que pueden desmentirse. Lo verdaderamente difícil es borrar una reputación.
Hasta mañana.









