Servir o figurar: el perfil que la juventud exige a los servidores públicos

LA VERDAD Y EL CAMINO

Por: Aquiles Galán.

Hoy se llevará a cabo una conferencia con el doctor Altamirano, quien presentará su libro enfocado en el perfil de los servidores públicos. El tema no es menor y me hizo reflexionar y pensar como estudiante lo importante de hablar de quiénes ocupan los cargos públicos y bajo qué preparación o vocación lo hacen se ha vuelto una discusión trascendental, especialmente entre los jóvenes. En lo personal, es una reflexión que inevitablemente conduce a pensar en la política que tenemos hoy y sobre todo en la calidad de quienes la ejercen.

La confianza ciudadana no se construye con discursos ni con presencia mediática. Se construye con resultados, con instituciones que funcionan y con funcionarios que entienden que el cargo público no es un escenario personal, sino una responsabilidad colectiva.

Sin embargo, hoy es una percepción cada vez más extendida y es que muchos espacios de poder están ocupados por perfiles más preocupados por la visibilidad que por la eficacia.

Y cuando esa percepción se vuelve constante, sus efectos son evidentes: apatía política, desconfianza institucional y en muchos casos, jóvenes que prefieren buscar oportunidades lejos de su comunidad antes que intentar transformar las cosas desde dentro.

En San Luis Potosí esta sensación aparece con frecuencia en conversaciones universitarias, en foros juveniles o incluso en espacios comunitarios. Las discusiones sobre empleo, desarrollo o seguridad suelen terminar en el mismo punto: instituciones que muchas veces parecen rebasadas o desconectadas de las necesidades reales de la población joven.

A nivel nacional el panorama no es muy distinto. La falta de perfiles sólidos, con formación, criterio y vocación pública limita la capacidad del Estado para diseñar políticas que respondan a los desafíos actuales: desarrollo regional, oportunidades laborales, fortalecimiento del campo, educación pertinente o innovación económica.

Por eso, cuando hablamos de renovar la política, el debate no debería quedarse únicamente en partidos o elecciones. La discusión de fondo tiene que ver con el perfil de quienes toman decisiones.

Un servidor público debería reunir, al menos, tres elementos básicos.

Primero, preparación y capacidad técnica, porque gobernar implica comprender problemas complejos y administrar recursos públicos con responsabilidad.

Segundo, vocación de servicio, que no es una frase decorativa, sino la disposición real de escuchar, dialogar y trabajar con la ciudadanía.

Y tercero, visión de futuro, especialmente en un país donde la población joven representa una enorme oportunidad social y económica que muchas veces sigue desaprovechada.

Porque al final, la calidad del servicio público determina también la calidad del futuro que una generación puede construir. Cuando las instituciones funcionan y quienes las dirigen están a la altura del cargo, las oportunidades se multiplican.

La participación juvenil no debe limitarse a observar o criticar desde fuera. También implica prepararse, involucrarse y exigir mejores estándares para quienes ejercen el poder público. No se trata solo de cambiar nombres, sino de elevar el nivel del debate y de los perfiles que ocupan las responsabilidades públicas.

Tal vez ahí está una de las tareas más importantes para los próximos años: construir una política donde servir vuelva a significar servir, y donde la juventud encuentre no solo motivos para cuestionar, sino también razones para participar. Bonito día…

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