La costa este de Estados Unidos enfrenta severas condiciones invernales, con acumulaciones de nieve y aguanieve que van de los 15 a los 40 centímetros, además de pronósticos de más hielo y bajas temperaturas. En ciudades como Nueva York, las autoridades decidieron suspender las clases presenciales y trasladarlas a modalidad a distancia para proteger a estudiantes y personal educativo.
El impacto del fenómeno también se ha sentido con fuerza en el suministro eléctrico. Millones de personas quedaron sin luz durante el fin de semana, principalmente en el sur del país. Aunque el número de hogares afectados comenzó a disminuir, estados como Tennessee, Misisipi y Luisiana continuaban registrando decenas de miles de usuarios sin servicio.
Las consecuencias humanas de la tormenta ya son visibles. Al menos seis personas perdieron la vida a causa de la hipotermia, según reportes oficiales. Los decesos se registraron en Texas, Luisiana y Nueva York, donde se informó que algunas de las víctimas se encontraban en situación de calle y fueron localizadas a la intemperie.
El transporte aéreo atraviesa una de sus peores crisis desde la pandemia. Miles de vuelos fueron cancelados o retrasados, generando una saturación en aeropuertos de todo el país. Autoridades federales reconocieron que las aerolíneas no cuentan con la capacidad suficiente para reacomodar a todos los pasajeros afectados por la emergencia climática.
Las carreteras tampoco han escapado al caos. En varios estados se implementaron cierres parciales, reducción de carriles y límites de velocidad para permitir las labores de limpieza y el paso de vehículos de emergencia, mientras las condiciones siguen siendo peligrosas para la circulación.
Ante este panorama, el Gobierno federal pidió a la población de más de 20 estados permanecer en casa y extremar precauciones. Las autoridades trabajan en coordinación con gobiernos locales y empresas de energía para restablecer servicios esenciales, mientras se advierte que el frío extremo podría intensificarse en las próximas horas.