La influenza aviar altamente patógena H5N1 continúa su expansión en la Antártida. Investigadores confirmaron que el virus permanece activo tras tres temporadas consecutivas de detecciones y que ha provocado muertes en distintas especies nativas.
El virólogo chileno Víctor Neira, investigador vinculado al Instituto Antártico Chileno (INACH), informó que el virus persiste en territorio antártico desde su detección inicial en abril de 2024. Explicó que el patógeno puede provocar mortalidad total en colonias afectadas en periodos breves: “Esta enfermedad es capaz de matar al 100% de las aves en periodos cortos de tiempo”.
El brote forma parte de la expansión global del clado 2.3.4.4b del virus H5N1, identificado en múltiples continentes desde 2020. La llegada a la Antártida marcó un nuevo punto geográfico dentro de la panzootia documentada por redes internacionales de vigilancia epidemiológica.
El virus se confirmó en pingüinos papúa (Gentoo) en territorios subantárticos administrados por Australia. En Chile, el INACH detectó previamente el virus en pingüinos Adelia, cormoranes antárticos y págalos durante campañas de muestreo en 2024. Esos hallazgos representaron los primeros registros en especies endémicas del continente.
Estudios recientes documentaron la muerte de más de 50 págalos antárticos durante las primeras temporadas de circulación del virus, las primeras mortalidades confirmadas por H5N1 en fauna silvestre del continente. El virus se ha identificado a lo largo de aproximadamente 900 kilómetros de costa occidental antártica.
Los datos recopilados por equipos de Chile, Argentina, Australia y redes científicas como el Scientific Committee on Antarctic Research (SCAR) indican que el virus se detectó nuevamente en 2025 y 2026, confirmando circulación viral sostenida durante tres campañas antárticas consecutivas. Aunque no se han observado episodios de mortalidad masiva comparables con los registrados en Sudamérica continental o Europa, la presencia continua del virus demuestra que logró establecerse en el ecosistema local.
Las autoridades científicas mantienen protocolos de bioseguridad para investigadores y personal logístico en bases antárticas. El SCAR consolidó reportes de detección y coordina el intercambio de información entre programas antárticos nacionales. Los muestreos incluyen análisis genéticos para identificar variantes virales y evaluar posibles cambios en su comportamiento epidemiológico.
No se ha informado transmisión entre personas vinculada al brote antártico. La vigilancia se concentra en el impacto ecológico y en la evolución del virus dentro de poblaciones animales.
Los investigadores continúan las campañas de muestreo durante el verano austral de 2026 para determinar la magnitud real de la circulación viral y su efecto en colonias reproductivas.