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23 mil Tigres y 7 millones de pesos

El Estadio Lastras está construido sobre terrenos que hace muchos años fueron propiedad de la UASLP, se le llamaba entonces el Hoyo Universitario, y el sábado pasado, a causa de la Invasión Tigre, la casa de los Reales de San Luis volvió a ser justamente llamada “cueva universitaria”.

Los aficionados potosinos no solamente tuvieron que soportar enfrentar al superlíder en la penosa situación de colero general, ser nimia minoría en su propio terruño, y el agravio de servir de peldaño en la conservación del invicto del visitante. No. Además de ello, los aficionados potosinos tuvieron que soportar la humillación de ver con claridad que la franquicia foránea que administra el orgullo deportivo de los potosinos jugando con los colores de la ciudad, le hace honor sólo al hecho de darle prioridad al oro y la plata de nuestro escudo. Así se explica el hecho de volver a aumentar los boletos al doble, venderlos a quien puede pagarlos sin importar si quien asiste apoya al club local o al “invasor”, y no disponer desde hace mucho tiempo de esquemas de apoyo a la economía de la fanaticada local (los días del aficionado suelen ser los días del club, y los del club, también). Dirán que los potosinos ya no van al estadio, es verdad, pero para cualquier aficionado es difícil acudir a apoyar a un equipo que pareciera salir derrotado desde antes del pitazo inicial. Un equipo sobre el que se han tomado decisiones equivocadas, al que no se le invierte con consistencia ni estrategia y del que no procuran se arraigue en el corazón de la gente. Amor condicionado al dinero que piden para seguir jugando en San Luis. Amor que tarde o temprano devendrá en impagable. Amor interesado que no es amor. Porque el problema no es que los potosinos no apoyen ¡No! El problema es que los potosinos no quieren apoyar como paganos clientes de los que sólo interesa la lana con la que consumen. La derrota del sábado fue muy dolorosa, pero no fue pareja. Los pocos aficionados que fueron al Lastras y las decenas de miles que lo vieron en los bares o en sus casas con señal pagada (bussines are bussines), sufrieron y algunos lloraron, una afrenta de esas que duelen. La directiva no. Con boletos a un costo promedio de 320 pesos se embolsaron poco más de 7 millones sólo de entradas. Ya irán pensando estos profesionales de la ganancia en el nuevo slogan: ¡Invádeme más! Twitter: @OSWALDOR10S]]>

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