POPOL VUH 375

Por Mario Candia

21/5/26

EL NIÑO México vuelve a escuchar una palabra que históricamente siempre llega acompañada de miedo, pérdidas y gobiernos rebasados: El Niño. No se trata de una exageración mediática ni de una moda climática pasajera. Los principales organismos meteorológicos del mundo han encendido las alertas ante la alta probabilidad de que este fenómeno reaparezca con fuerza durante los próximos meses. Y cuando El Niño despierta, el planeta entero paga las consecuencias.

CRISIS CLIMÁTICA El nombre parece inofensivo, casi infantil, pero detrás de él se esconde uno de los mecanismos atmosféricos más destructivos y complejos del planeta. El fenómeno fue identificado hace siglos por pescadores peruanos que notaban cómo las aguas cálidas aparecían cerca de Navidad, de ahí el apodo relacionado con el Niño Jesús. Con el tiempo se descubrió que aquellas corrientes alteraban el clima global entero: lluvias extremas en algunas regiones, sequías brutales en otras, incendios forestales, pérdida de cosechas, huracanes más violentos y olas de calor insoportables.

FÉNOMENO La historia reciente ofrece ejemplos aterradores. El episodio de 1982-1983 dejó pérdidas multimillonarias en todo el mundo. Pero fue el fenómeno de 1997-1998 el que quedó marcado como uno de los más devastadores del siglo XX. Sequías devastadoras golpearon Asia y Australia; inundaciones catastróficas azotaron América Latina; incendios forestales consumieron Indonesia; miles de personas murieron por hambre, enfermedades y desastres naturales. México tampoco salió ileso: alteraciones severas en las lluvias, pérdidas agrícolas y afectaciones económicas importantes sacudieron diversas regiones del país.

PLANETA Después vino el poderoso episodio de 2015-2016, considerado uno de los tres más intensos jamás registrados. Aquellos años rompieron récords globales de temperatura. El planeta literalmente comenzó a hervir. Y hoy, en pleno 2026, el contexto es todavía más delicado: ciudades colapsadas por la falta de agua, presas agonizantes, deforestación, infraestructura urbana insuficiente y gobiernos que apenas pueden contener las crisis ordinarias, mucho menos una crisis climática de gran escala.

AMENAZA La ironía mexicana resulta grotesca. Mientras organismos internacionales advierten sobre posibles sequías, temperaturas extremas y alteraciones severas en los patrones climáticos, aquí seguimos atrapados en discusiones electorales eternas, campañas adelantadas y propaganda política de caricatura. La clase gobernante actúa como si el cambio climático fuera un tema de ambientalistas románticos y no una amenaza directa a la estabilidad económica y social del país. El Niño no distingue ideologías, partidos ni mañaneras. No se puede desacreditar desde Palacio Nacional ni contener con bots en redes sociales. La atmósfera no negocia. El calor no acepta otros datos. La sequía no obedece encuestas.

SOBERANÍA Y quizá lo más preocupante sea que México enfrenta esta amenaza con una peligrosa combinación de improvisación, polarización y desgaste institucional. El país que hace décadas construía grandes obras hidráulicas hoy apenas puede garantizar agua potable en múltiples ciudades. El país agrícola que alimentaba regiones enteras hoy depende cada vez más de importaciones. El país que presume soberanía energética enfrenta temperaturas récord con sistemas eléctricos vulnerables.

ESPEJO El Niño no es únicamente un fenómeno meteorológico. Es también un espejo. Y lo que refleja sobre México resulta profundamente inquietante: un país que sigue discutiendo el poder mientras el clima comienza lentamente a discutir nuestra supervivencia.

Hasta mañana.

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