La delgada linea entre agente de seguridad y agente de IN-seguridad y caos.
El Radar Por Jesús Aguilar X @jesusaguilarslp Hay historias que empiezan con una placa. Y terminan con un cártel y pocas veces en la cárcel. La historia criminal del mundo está llena de ellas. Miguel Ángel Félix Gallardo, “El Jefe de Jefes”, el hombre que organizó el narcotráfico moderno en México, empezó como policía judicial en Sinaloa. Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, uno de los criminales más buscados del planeta, también pasó por una corporación policial antes de convertirse en jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación. En Colombia, varios jefes del cartel de Medellín surgieron de estructuras de seguridad o inteligencia que después terminaron infiltradas. En Italia, investigaciones antimafia han documentado durante décadas la infiltración de policías y carabineros por parte de organizaciones criminales. En Estados Unidos, algunos de los casos más célebres de corrupción policial,como el escándalo Rampart en Los Ángeles— revelaron algo inquietante: cuando una corporación se pudre, puede generar criminales con uniforme. La pregunta que surge es tan incómoda como inevitable: ¿en qué momento un agente de seguridad cruza la línea y se convierte en un agente de inseguridad? México lleva décadas intentando responder esa pregunta. Y, hasta ahora, no lo ha logrado. EL CASO QUE VUELVE A ABRIR LA HERIDA La judicialización de tres elementos de la Guardia Civil Estatal de San Luis Potosí por un operativo que terminó con dos civiles muertos volvió a colocar esa pregunta en el centro del debate público. Los hechos siguen bajo investigación. Un juez determinará responsabilidades.