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El álbum que nadie quiere completar

La Verdad y el Camino

Por: Aquiles Galán

Hay sucesos que nacieron para ser celebrados.
Y hay otros que… cuando se cruzan con la realidad que sufre hoy México, terminan convertidos en una gran desgracia.

En Jalisco, un colectivo de búsqueda decidió tomar la lógica del álbum mundialista, esa fiebre de pegar estampas y completar páginas, para voltear el espejo hacia la herida más profunda del estado: las personas desaparecidas. La campaña del colectivo Luz de Esperanza convirtió fichas de búsqueda en cromos inspirados en Panini, con nombres, fechas y rostros de quienes no han vuelto a casa. La pregunta que acompaña la iniciativa es: “El balón vuelve a la cancha y nuestros desaparecidos, ¿cuándo volverán a casa?”

La idea impacta porque usa el lenguaje de la fiesta para hablar del duelo. Porque no grita desde un micrófono institucional ni se esconde detrás de un comunicado tibio: pone un rostro donde el país ha querido poner estadísticas. Y porque ocurre en un estado que concentra la mayor crisis de desapariciones a nivel estatal en México; el propio reporte público de Jalisco, citado por El País, ubicaba 13,909 carpetas de investigación abiertas al 30 de abril de 2026. A escala nacional, el gobierno ha reconocido 130,178 personas en el registro nacional de búsqueda hasta marzo de 2026, aunque el dato ha sido matizado oficialmente en distintos conteos y periodos.

Porque Jalisco será una de las sedes del Mundial 2026 y Guadalajara albergará cuatro partidos; además, el Fan Fest oficial se instalará en Plaza de la Liberación. Mientras el calendario deportivo se prepara para celebrar al visitante, las familias buscadoras intentan impedir que la ciudad maquille su propia verdad.

La escena, en el fondo, dice mucho más que cualquier discurso sobre “proyección internacional”. Dice que en México convivimos con dos realidades que rara vez se tocan: la del país que invierte para verse bien ante el mundo y la del país que carga cuerpos, ausencias y fosas que nunca alcanzan las portadas el tiempo suficiente. Medios de comunicación documentan que los volantes y fichas de búsqueda forman parte del paisaje cotidiano en Guadalajara, y que las familias han denunciado incluso intentos por retirar esos avisos de cara al Mundial.

Por eso esta campaña importa.
Porque entiende algo que muchos gobiernos todavía no: la memoria necesita formas nuevas para resistir. A veces una manta no basta. A veces un boletín no alcanza. A veces una ficha, convertida en estampa, logra lo que no consiguió el lenguaje burocrático: obligar a mirar.

Nos hemos acostumbrado tanto a vivir entre fichas, búsquedas y cifras que ya casi no nos conmueve nada. Pero detrás de cada nombre hay una madre que espera, un padre que insiste, una familia que aprendió a buscar donde el Estado no llegó.

Quizá por eso la campaña es tan dura de ver: porque usa el símbolo más inocente de la infancia futbolera para mostrar lo que México no ha querido resolver. Y porque deja una pregunta flotando sobre la fiesta mundialista: ¿qué significa celebrar cuando, a unos kilómetros del estadio, todavía hay familias pegando rostros en postes para encontrar a los suyos?

El fútbol terminará.
El Mundial pasará.

Pero las madres, los padres y los colectivos seguirán ahí, preguntando lo mismo que pregunta este álbum imposible: ¿dónde están?