Fracking: la discusión que SLP no puede darse el lujo de improvisar

Por: Aquiles Galan

LA VERDAD Y EL CAMINO.

Hay temas que llegan antes a las redes sociales que a las mesas donde realmente deberían discutirse. El fracking es uno de ellos.

En los últimos días, la Huasteca potosina volvió a colocarse en el centro de la conversación. Circularon versiones de todo tipo: desde quienes aseguran que ya existen proyectos en marcha hasta quienes sostienen que no hay ninguna autorización vigente. Entre una versión y otra, el ruido terminó por desplazar a lo verdaderamente importante: la discusión de fondo.

Porque este debate nunca ha sido únicamente sobre una técnica para extraer gas.

Es una conversación sobre el modelo de desarrollo que queremos construir y, sobre todo, sobre la forma en que se toman las decisiones que afectan el territorio.

Durante años, la fractura hidráulica fue presentada como una práctica incompatible con la protección del medio ambiente. Se señalaron riesgos para los acuíferos, el uso intensivo de agua y los posibles impactos sobre los ecosistemas. Esos cuestionamientos no desaparecen porque cambie el contexto político o económico.

Por eso, si hoy existe la posibilidad de replantear esa postura, la sociedad tiene derecho a preguntar por qué.

¿Qué cambió?

¿La evidencia científica?

¿Las necesidades energéticas?

¿La situación económica del país?

¿O simplemente cambió la narrativa?

Las decisiones públicas pueden evolucionar. Lo que no debería cambiar es la obligación de explicarlas con transparencia.

Y es ahí donde comienza el verdadero debate.

La Huasteca no puede verse únicamente como un mapa lleno de recursos naturales. Es una región con historia, con comunidades indígenas, con una riqueza ambiental extraordinaria y con problemas de agua que ya existen sin necesidad de abrir una sola perforación más.

Eso obliga a que cualquier discusión deje de hacerse desde escritorios lejanos y empiece a escuchar a quienes viven el territorio todos los días.

Me preocupa que otra vez estemos cayendo en la lógica de los extremos. Para unos, el fracking representa automáticamente progreso. Para otros, significa una catástrofe inevitable.

La realidad casi nunca funciona así.

Las mejores decisiones no nacen de los eslóganes, sino de la información, de la evidencia y de la capacidad de reconocer que el desarrollo económico nunca puede construirse sacrificando el patrimonio ambiental de las siguientes generaciones.

San Luis Potosí todavía está a tiempo de discutir este tema con seriedad. Antes de hablar de inversiones o de prohibiciones absolutas, habría que exigir algo mucho más básico: información clara, estudios independientes, transparencia y participación de las comunidades.

Porque los recursos naturales pueden generar riqueza.

Pero el agua, los bosques y la confianza ciudadana, cuando se pierden, difícilmente se recuperan.

Quizá esa sea la verdadera lección que deja esta discusión.

No todo lo técnicamente posible es políticamente conveniente.

Y no todo lo económicamente atractivo termina siendo socialmente responsable.

Bonito día…