LA FOTO INCOMPLETA

Por Jesús Aguilar

El registro para elegir a quien coordinará la defensa de la transformación en San Luis Potosí no dejó un favorito.

Dejó una radiografía.

Morena difundió cuatro nombres. Otros aspirantes aseguraron haber realizado su trámite digital. Rita Ozalia Rodríguez no apareció. Gerardo Sánchez Zumaya llegó buscando registrarse por Morena, pero lo rechazaron y terminó inscrito por el Partido del Trabajo.

El Verde, dueño de la gubernatura, decidió no participar, y sigue teniendo en la senadora González su prácticamente única apuesta, el famoso y peligroso all in.

Más que unidad, la jornada mostró fronteras.

Los cuatro registros presenciales reconocidos inicialmente por Morena fueron los de Aíd Ávila Covarrubias, Daniel Montelongo Ortiz, Ana Dora Cabrera Vázquez y Carlos Arreola Mallol.

A ellos se sumaron otros nombres que reportaron solicitudes presenciales o digitales: Angélica Mendoza Camacho, José Antonio Lorca Valle, Montserrat Balcorta Sobrino y Luis Fernando Leal Beltrán.

La lista pública creció, pero nunca terminó de quedar clara.

Ese es el primer problema.

Morena abrió un procedimiento para seleccionar a quien deberá conducir políticamente al movimiento rumbo a 2027, pero no transparentó de inmediato cuántas personas se registraron, cuáles cumplieron los requisitos y cuáles fueron rechazadas.

Un acuse no es una candidatura. Un registro tampoco garantiza llegar a la encuesta.

La Comisión Nacional de Elecciones conserva la facultad de revisar expedientes, eliminar aspirantes, reducir la lista e incluso incorporar perfiles que no participaron originalmente.

Todo puede cambiar.

LA AUSENCIA

Rita Ozalia Rodríguez fue la gran ausente.

Durante meses, la dirigente estatal de Morena fue presentada como una de las aspirantes naturales. Su posición partidista, su cercanía con la estructura nacional y su apellido la colocaban inevitablemente en la conversación.

Pero no se registró públicamente.

Su ausencia admite varias lecturas.

Puede haber decidido no competir. Puede mantenerse como una carta de reserva. También puede haber preferido conservar la presidencia estatal y evitar la contradicción de ser árbitra y aspirante al mismo tiempo.

Lo único comprobable es que no apareció, estaba trabajando territorio en Moctezuma, mientras el World Trade Center de la Ciudad de México era frío escenario de porras compradas y desaires congelantes.

Su silencio, sin embargo, tiene un efecto político: mientras otros mostraron sus aspiraciones, Rita dejó que la incertidumbre hablara por ella.

LA PUERTA CERRADA

El episodio más delicado fue el de Gerardo Sánchez Zumaya.

Meses atrás había anunciado su incorporación a Morena. Fue recibido públicamente por dirigentes del partido y presentado como parte del movimiento.

Fuentes formales dicen que nunca fue un verdadero militante.

Horas previas a través del medio que maneja confirmó que se venía una “sorpresa” y se pavoneó afirmando que sería registado por los guindas.

Pero a la hora del registro, Morena no lo aceptó como uno de sus aspirantes, las dos mujeres principales, la Presidenta Nacional y la Presidenta de la Comisión de Elecciones le hicieron el feo claro.

El Partido del Trabajo con quien ya había negociado terminó abriéndole la puerta y le “levantó” de un ridículo peor.

El hecho es políticamente contundente: Morena no quiso procesar su registro bajo sus siglas y uno de sus aliados decidió hacerlo.

No existe todavía una explicación pública, documental y precisa sobre las razones.

Se han mencionado antecedentes empresariales, investigaciones y posibles vetos. Hasta ahora son versiones. Morena no ha publicado un dictamen individual que explique por qué una persona recibida meses atrás como incorporación política terminó rechazada en el momento decisivo.

Esa falta de claridad perjudica a todos.

A Sánchez Zumaya, porque deja abierta la sospecha.

A Morena, porque convierte un filtro partidista en una decisión opaca.

Y al PT, porque ahora deberá explicar si solamente recibió a un excluido o si está dispuesto a defenderlo dentro de la coalición y con su larga lista de “temas no resueltos”, ni en los tribunales, ni ante una comparecencia fuera de la burbuja mediática que ha comprado.

EL VERDE AFUERA

El Partido Verde tampoco participó en el registro.

No es un dato menor.

El Verde gobierna San Luis Potosí y tiene su propia aspirante, Ruth González Silva. Su proyecto sucesorio no depende de la convocatoria de Morena, sino de la negociación nacional sobre la alianza y de la aplicación —o no— de las reglas contra el nepotismo.

Mientras Morena registra aspirantes, el gallardismo mide fuerza.

Mientras el PT recoge inconformes, el Verde espera.

La candidatura de la coalición todavía no se está resolviendo en una encuesta. Se está negociando entre partidos, grupos de poder y dirigencias nacionales.

LA RADIOGRAFÍA

El balance es sencillo.

Morena tiene muchos registros, pero todavía no tiene una figura dominante.

Rita Ozalia conserva mucha influencia, pero no aparece formalmente en la competencia.

Sánchez Zumaya tiene estructura Azuarista y con tufo tabasqueño y al parecer recursos ilimitados, pero no consiguió el reconocimiento de Morena, ni termina de legitimar su pasado y potencia económica.

El PT que se había disminuido al grado de casi desaparecer en San Luis ganó una ficha de negociación.

El Verde mantiene la gubernatura y opera por una ruta separada.

Y la dirigencia nacional conserva el poder de decidir quién entra, quién sale y quién llega finalmente a la encuesta.

El procedimiento no resolvió la sucesión.

Solamente mostró quiénes levantaron la mano, quién se escondió, a quién le cerraron la puerta y quién todavía no necesita tocarla.

Porque si Morena pretende que este proceso tenga legitimidad, no basta con recibir documentos y repartir folios.

Debe explicar sus decisiones.

¿Quiénes cumplieron los requisitos?

¿Por qué unos fueron aceptados y otros rechazados?

¿Rita Ozalia está fuera o permanece en reserva?

¿El PT podrá imponer a Sánchez Zumaya en la medición?

¿El Verde aceptará las reglas de Morena o terminará obligando a Morena a aceptar las suyas?

El registro dejó nombres algunos tan “novedosos” que incluso son difíficles de rastrear.

Evidentemente pocas certezas.

Y en una sucesión política, cuando las reglas no son claras, las decisiones casi siempre se toman en otra mesa.

Postdata…

¿QUIÉNES SE REGISTRARON?

Como adéndum, la lista de aspirantes refleja perfiles muy distintos: Carlos Arreola Mallol representa la estructura orgánica y legislativa de Morena es el más notorio, diputado local; Angélica Mendoza Camacho y José Antonio Lorca Valle aportan experiencia parlamentaria y participación previa en procesos electorales; Aíd Ávila Covarrubias llega con arraigo en la Huasteca y causas ambientales y de salud; Ana Dora Cabrera Vázquez, desde el periodismo y el activismo; Montserrat Balcorta Sobrino, con el expediente académico más sólido y una agenda ligada a género y desigualdad; Luis Fernando Leal Beltrán, con perfil jurídico, crítico y de opinión pública; y Daniel Montelongo Ortiz, como el aspirante de menor trayectoria pública documentada. En conjunto, no forman todavía una competencia equilibrada, sino una mezcla de cuadros partidistas, exlegisladores, activistas, académicos y operadores con niveles muy distintos de estructura, reconocimiento y viabilidad electoral.

Por el lado del PT, Gerardo Sánchez Zumaya concentra recursos, exposición mediática y capacidad de operación, aunque con el lastre político de haber sido rechazado por Morena y recibido por el PT.