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Los veneros del diablo

Astrolabio La historia, vista en su conjunto o en sus episodios más notables, tiene como una de sus dimensiones la lucha por conquistar mayores niveles de bienestar y de libertad. En esta lucha, se han obtenido victorias que alguna vez parecían inalcanzables. La recuperación del dominio sobre el petróleo en 1938 no es la excepción. Desde inicios del siglo pasado, algunos visionarios entendieron que el petróleo, es la principal riqueza de la nación, y que en ese venero casi perpetuo de irresponsabilidad (en este país un barril de crudo es un barril sin fondo), también radica una de las más prometedoras posibilidades para transformar al país y hacer realidad los propósitos de bienestar y progreso de nuestra sociedad. Prácticamente desde su expropiación, el petróleo ha sido la principal fuente de financiamiento del gasto público en México. Paradójicamente, los tiempos de jauja del petróleo no evitaron que la deuda pública nacional creciera estratosféricamente, y mucho menos aminoraron la espantosa desigualdad que pasmó a Humboldt. La “crudodependencia” llega a tales niveles que se estima que entre el 60 y el 70 por ciento de nuestros egresos tienen como origen al petróleo. Sin ir más lejos, en los últimos diez años, el porcentaje de las exportaciones mexicanas de este recurso natural pasó de 8% a 16%. Esto debido fundamentalmente al aumento en los precios del crudo, puesto que aunque en el monto obtenido se duplica, la cantidad de barriles exportados ha disminuido en un tercio en el mismo período. La razón es simple, queremos que la gallina de los huevos de oro nos siga proveyendo de su tesoro pero nos negamos a darle de comer. PEMEX no se ha modernizado como debería porque los atavismos estatistas impiden discutir con seriedad un nuevo proyecto tecnológico para la empresa y porque su sindicato considera que el petróleo es de todos (los miembros de la dirigencia sindical, off course). En fin que mientras menos se invierte en el petróleo, más se petroliza la economía. Ello no ha hecho sino agudizar la dependencia de México sobre sus recursos petroleros, e inhibir negativamente la generación de competitividad y el emprendedurismo. Porque si otra interpretación puede darse a las siglas de PEMEX, ésa es la de Pretextos Mexicanos. ¿No hay reforma fiscal? Aumentemos el precio del petróleo. ¿No hay recaudación eficiente? Extraigamos más petróleo. ¿La deuda pública ahoga al país? Exploremos pozos a mayor profundidad. ¿No podemos modernizar nuestra economía? Agotemos las reservas petroleras. ¿Urge mayor infraestructura en las entidades? Vendamos más petróleo y repartamos los excedentes para que los gobernadores gasten a discreción. Total que el petróleo es tan generoso que nos ha permitido procrastinar nuestra dramática situación económica: gastamos mucho más de lo que tenemos y somos mucho más pobres de lo que creemos. Se dice que el petróleo es la soberanía nacional, nada más distante de la realidad. El petróleo es justamente la causa principal por la que México no ejerce su soberanía. Porque veámoslo desde otro punto de vista: ¿Acaso la enorme cantidad de barriles de crudo extraídos y exportados a precios altísimos nos han permitido ser más independientes, más autodeterminados y con mejor expectativa de futuro? Ésa es la cuestión. Como dijo el poeta: veneros escriturados por el diablo. @OSWALDOR10S]]>

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