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Neurociencia revela los sueños

Penetrar en la mente de otras personas para conocer o incluso alterar el contenido de sus sueños es uno de los argumentos más recurrentes en la poesía, la literatura de ciencia-ficción y el cine.

En el filme Inception (El origen, 2010), un personaje llamado Dom Cobb y su socio Arthur realizan espionaje corporativo mediante una máquina experimental diseñada para infiltrarse en el subconsciente de los individuos y extrer información mientras ellos duermen.

En otra famosa cinta, The Matrix, estrenada en 1999, las máquinas toman cautivos a los humanos y los conectan a un sistema que los hace suponer que sus vivencias en un ambiente de simulación virtual corresponden al mundo real.

Ahora, la neurociencia ha logrado avanzar hacia ese territorio que antes era exclusivo de la fantasía y el psicoanálisis: apoyados en herramientas para el escaneo del cerebro, investigadores japoneses lograron «leer» el contenido de los sueños humanos en un grupo de voluntarios.

Yukiyasu Kamitani, de los Laboratorios de Ciencia Neurocomputacional ART en Kyoto y sus colegas emplearon la resonancia magnética funcional (fMRI) para examinar los cerebros de tres varones adultos mientras dormían. También registraron sus ondas cerebrales mediante encefalogramas. Con esa información elaboraron un modelo para descifrar el contenido onírico.

«Nuestros hallazgos demuestran que las experiencias visuales específicas durante el sueño están representadas por los patrones de actividad cerebral que son desencadenados por los estímulos perceptivos», escriben Kamitani y sus colaboradores en un artículo publicado en la revista Science.

Más allá del psicoanálisis

En el artículo titulado Neural decoding of visual imagery during sleep (Decodificación neuronal de imágenes visuales durante el sueño) los científicos nipones argumentan que su trabajo «provee un medio objetivo para descifrar los contenidos subjetivos del sueño utilizando mediciones neurológicas muy precisas».

A fines del siglo XIX Sigmud Freud fue uno de los autores que más influyó en el desarrollo de la idea de que los sueños son susceptibles de interpretación. Para el famoso médico vienés éstos son manifestaciones de emociones enterradas en los sótanos de la mente subconsciente.

Aunque lejos de las metas del psicoanálisis, los autores aseguran que su trabajo no se centró en la estructura visual de los sueños, sino en su significado: «al analizar la actividad cerebral nueve segundos antes de despertar a ls sujetos logramos predecir si alguno de ellos estaba soñando, con una exactitud de 75 a 80%».

Kamitani y sus colaboradores recopilaron 200 reportes sobre lo que soñaban los voluntarios, a quienes despertaban e interrogaban constantemente. Extrajeron palabras clave a partir de sus relatos verbales y seleccionaron 20 categorías que aparecían con frecuencia en ellos.

Después seleccionaron fotos representativas de cada categoría (como casa, mujer, computadora…), escanearon de nuevo los cerebros de los participantes mientras las veían y compararon los patrones de actividad cerebral con los registrados antes de despertarlos.

Al final, observaron la actividad de las áreas de la corteza cerebral (V1, V2 y V3) involucradas en el procesamiento primario de imágenes y que codifican aspectos básicos, como el contraste o la orientación de los bordes de los objetos.

Analizaron otras regiones cerebrales asociadas con funciones visuales superiores, que requieren un procesamiento más fino, como el reconocimiento de formas. El registro de actividad en ellas les permitió predecir con el contenido de los sueños.

Enigmas del cerebro

Este experimento se difundió mientras el presidente de EU Barack Obama daba a conocer la iniciativa BRAIN (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies, Investigación del cerebro a través del impulso a neurotecnologías innovadoras).

Esta iniciativa prevé congregar a agencias del gobierno de EU, fundaciones privadas y equipos de neurocientíficos en la meta común de desentrañar a fondo el funcionamiento del cerebro humano y construir un mapa detallado de su actividad al nivel de cada neurona (a la manera del Genoma humano).

José Bargas, del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, valora la importancia de estos estudios para escanear el cerebro y hurgar los sueños, pues «las neurociencias actualmente están lejos de considerar a estos sólo como ruido neurológico» (manifestaciones sin sentido derivadas de la actividad neuronal).

Explica que las imágenes obtenidas mediante el escaneo cerebral son confiables, pues se someten a un refinamiento matemático que permite sustraer la actividad no relacionada con lo que se estudia, además de ser comparada con la de sujetos que hacen tareas diferentes.

Sin embargo, advierte que estas técnicas «están sobredimensionadas por razones de marketing», aunque en los hospitales se hacen muy necesarias para facilitar diagnósticos.

El problema -añade el investigador de la UNAM- es que para realmente aprovechar el potencial de estos equipos tanto en investigación como en diagnóstico se requiere formar equipos multidisciplinarios con físicos, médicos, ingenieros y neurocientíficos altamente entrenados.

Palabras decodificadas

Además de revelar imágenes oníricas, los científicos también han logrado descifrar las palabras que una persona está escuchando (sin tener disponible el audio del discurso) a través del registro y análisis de sus patrones de actividad cerebral.
Brian Pasley, de la Universidad de California en Berkeley y sus colegas registraron la actividad cerebral de 15 personas mediante unos electrodos colocados en la superficie del giro temporal superior, que forma parte del sistema auditivo.

Para analizar los datos así recabados, los investigadores usaron un algoritmo específico para extraer rasgos clave del discurso, como su desarrollo en el tiempo (lento o acelerado) y los cambios de volumen entre las sílabas. Después los procesaron a través de un modelo computacional para reconstruir los sonidos.

Encontraron que esos registros de audio podían reproducir los sonidos que los voluntarios habían escuchado con una precisión suficiente que les pemitió reconocer las palabras a las que correspondían. El avance podría ayudar a entender los mecanismos neurológicos asociados con trastornos de comunicación, como la afasia.

También podría facilitar el desarrollo de nuevas interfaces cerebro-computadora capaces de decodificar la actividad neuronal asociada con el discurso imaginario de pesonas que han perdido la capacidad de hablar.

 

http://www.eluniversal.com.mx/articulos/77159.html

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