NO ENTIENDE QUE NO ENTIENDE

El Radar, por Jesús Aguilar
X @jesusaguilarslp

Marcelito de los Santos quiere ser alcalde, pero no sabe cómo.

Se presentó en sociedad como “aspirante ciudadano” del PAN y apareció ante algunos medios para anunciar que los problemas de la capital son la seguridad, la movilidad y el agua.

Gracias, Marcelo. Descubriste el hilo negro.

Durante años, los potosinos confundimos las patrullas con macetas, los embotellamientos con desfiles y las pipas con carros alegóricos.

Era indispensable que llegara el hijo de un exgobernador y exalcalde para explicarnos que la inseguridad preocupa, que el tráfico desespera y que el agua hace falta.

Kaput!

Los tres son reales, urgentes y legítimos.

El problema es que Marcelito pronuncia el nombre de las enfermedades como si ya hubiera presentado la medicina. No ofrece metas, plazos, presupuestos, atribuciones, equipos ni políticas públicas. Tampoco explica qué conservaría de la administración actual, qué corregiría y qué propone hacer de manera diferente.

Se limita a mirar el tablero, leer tres palabras y asumir que ya comprendió el juego.

No entiende que no entiende. El síntoma de una precandidatura hecha al vapor y sin sustancia.

EL CANDIDATO DE LOS SUSTANTIVOS

Marcelo de los Santos Anaya se registró como aspirante a la llamada Coordinación Municipal del Cambio y la Defensa de la Familia. En su primera comparecencia identificó seguridad, movilidad y agua como las prioridades de la ciudad.

Hasta ahí, la plataforma completa.

Seguridad.

Movilidad.

Agua.

Tres sustantivos y un apellido.

Marcelito no presentó una estrategia de seguridad. No dijo cuántos policías necesita la ciudad, cómo piensa reclutarlos, cuánto costaría profesionalizarlos, qué modelo de proximidad pretende aplicar o cómo coordinaría al municipio con el estado y la Federación.

Tampoco presentó un modelo de movilidad. No habló de transporte público, semaforización, crecimiento metropolitano, accesibilidad, banquetas, cruces seguros o planeación urbana.

Sobre el agua, lanzó una afirmación políticamente rentable: las familias gastan millones en pipas.

¿Cuántos millones?

¿En qué colonias?

¿Durante qué periodo?

¿Pagados a qué empresas?

¿Se refiere al gasto privado de las familias, a contrataciones municipales o a operaciones del organismo operador?

No lo sabemos.

Marcelo es contador.

Debería saber que una cantidad sin cifra, periodo, concepto ni soporte documental no es una cuenta.

Es una ocurrencia con calculadora.

La capital no necesita otro aspirante capaz de identificar problemas. Para eso bastan los reportes ciudadanos, los semáforos detenidos y abrir la llave.

Necesita a alguien que sepa resolverlos.

EL FUEGO AMIGO

La novatez política de Marcelo no se exhibe únicamente en la pobreza de sus propuestas.

Se exhibe en la torpeza del blanco elegido.

Su primera operación pública consiste en desacreditar, minimizar o desconocer los avances del gobierno encabezado por Enrique Galindo, precisamente el personaje que hoy representa la posibilidad más competitiva de la oposición rumbo a 2027.

Pero también pone en evidencia lo que todos podríamos anticipar: con él no habría lealtades, ni reconocimientos, mucho menos continuidad y renovación justa de un proyecto que ya funciona.

No está atacando al Partido Verde.

No está confrontando al aparato estatal.

No está cuestionando a Morena.

No está contrastando proyectos con los posibles candidatos del oficialismo.

Está disparando contra el único gobierno opositor que ganó la capital, consiguió la reelección y aumentó considerablemente su votación.

Marcelito subió a la embarcación azul, preguntó dónde estaba el capitán y comenzó a perforar el casco.

Eso no es independencia.

Es fuego amigo, pero probablemente también es síntoma de un desconocimiento absoluto de lo público y de lo político.

El fuego amigo, cuando se dispara por inexperiencia, suele causar más bajas entre quienes lo producen que entre quienes pretendían alcanzar.

TRES INTENTOS, UN SOLO ÉXITO

Marcelo debería estudiar la historia reciente de la alcaldía que pretende gobernar.

Desde que la legislación permitió la reelección inmediata, tres presidentes municipales de la capital intentaron conservar el cargo.

Ricardo Gallardo Juárez fue el primero.

Ganó en 2015 con aproximadamente 131 mil votos. Tres años después buscó reelegirse y cayó por debajo de los 90 mil.

Perdió la pegada.

Xavier Nava ganó en 2018 con más de 153 mil votos. Cuando intentó reelegirse en 2021, ya bajo las siglas de Morena, se desplomó hasta poco más de 53 mil.

Se desfondó.

Después llegó Enrique Galindo.

Ganó en 2021 con alrededor de 143 mil votos. En 2024 no sólo consiguió la reelección: alcanzó más de 195 mil sufragios.

Tres intentos.

Dos alcaldes fueron expulsados por las urnas.

Uno incrementó su respaldo.

Gallardo Juárez no pudo.

Xavier Nava tampoco.

Galindo sí.

Fue el primer presidente municipal de la capital que consiguió la reelección y lo hizo aumentando su votación después de tres años de gobierno.

La reelección no demuestra que una administración sea perfecta.

Demuestra algo mucho más importante en política: que, después de verlo gobernar, más ciudadanos decidieron volver a respaldarlo.

Marcelo observa ese dato y concluye que su mejor estrategia consiste en desconocerlo.

No entiende que no entiende.

UN GOBIERNO QUE NO PUEDE BORRARSE

Enrique Galindo tiene pendientes.

El agua sigue siendo un problema estructural.

La movilidad metropolitana no está resuelta.

La percepción de inseguridad continúa siendo alta.

También existen baches, fugas, obras cuestionables, zonas abandonadas y decisiones que deben auditarse.

Defender los logros de una administración no significa extenderle un certificado de infalibilidad.

Significa no mentir por omisión.

Durante sus administraciones se han modernizado vialidades, recuperado espacios públicos, fortalecido la policía municipal y mejorado diversos indicadores de percepción de seguridad.

La capital se colocó entre las zonas urbanas más competitivas del país y consolidó reconocimientos nacionales e internacionales en materia cultural, educativa y patrimonial.

Cada dato debe revisarse, contrastarse y someterse al escrutinio público.

Lo que no puede hacerse con seriedad es fingir que nada ocurrió.

El logro principal, sin embargo, sigue estando en las urnas.

Galindo gobernó.

Fue evaluado.

Volvió a competir.

Y recibió más votos.

Ese es el gobierno que Marcelito pretende heredar mientras explica que prácticamente todo está por hacerse.

EL PADRE SÍ ENTENDIÓ

La parte más incómoda para Marcelo de los Santos Anaya es que su propio padre comprendió perfectamente el escenario.

Marcelo de los Santos Fraga respaldó públicamente la reelección de Enrique Galindo. Reconoció su trabajo, sus avances en agua, vialidades, seguridad y atención a las colonias. Después lo señaló como un perfil con capacidad para competir por la gubernatura.

El padre entendió la ecuación.

El hijo todavía está buscando el instructivo.

De los Santos Fraga sabe que Galindo puede convertirse en el candidato opositor a gobernador y que una candidatura competitiva permitiría al PAN disputar alcaldías, diputaciones y posiciones desde una plataforma ganadora.

Marcelito parece convencido de que puede obtener la candidatura municipal debilitando al hombre que podría encabezar la boleta estatal.

El padre le prestó el apellido.

No pudo prestarle la brújula, como dijimos en el Radar previo dedicado al tema, “El apellido no alcanza”.

https://antenasanluis.mx/el-apellido-no-alcanza

LA RUTA QUE NO VIO

Marcelo tenía una ruta razonable.

Podía reconocer los avances de Galindo.

Podía respaldar su eventual candidatura a gobernador.

Podía señalar con precisión los pendientes municipales.

Y podía presentarse como responsable de una segunda etapa:

conservar lo que funciona,

corregir lo que falló,

y construir lo que todavía falta.

Eso habría sido diferenciación política.

Eligió algo más rudimentario: hacer como si la ciudad comenzara el día de su registro.

Quiere presentarse como candidato opositor debilitando al opositor más competitivo.

Quiere heredar un gobierno mientras borra sus resultados.

Quiere utilizar el prestigio de su padre contradiciendo la lectura política de su padre.

Quiere hablar de millones sin presentar cuentas.

Quiere ofrecer soluciones pronunciando problemas.

Marcelito de los Santos quiere ser alcalde, pero no sabe cómo.

Lo verdaderamente preocupante no es su novatez.

La novatez puede corregirse.

El problema es otro: lo más probable es que no entiende que no entiende.