La fascinación del diálogo entre la flauta y el tambor antecede al desfile de niños totonacas enfilándose al palo volador en el Parque Takilhsukut ante el público expectante mientras comienza la escalada al cielo; uno de los pequeños, el caporal, mantiene el equilibrio mientras sus cuatro compañeros inician el descenso.
Así es como concluye la ceremonia ritual de voladores, protagonizada por estudiantes del Centro de las Artes Indígenas (CAI), quienes explican en la exposición Entre vientos, ubicada en la Escuela de Danzas Tradicionales, el origen de esta tradición: “Al principio, había sequía: los hombres no tenían agua ni alimento. Por eso decidieron cortar un palo y subir lo más alto posible, para estar más cerca de los dioses y pedirles buenas cosechas.
Son cuatro voladores, porque cada uno representa un elemento y un punto cardinal. El caporal que está hasta arriba hace la invocación al Padre Sol y a la lluvia, y los voladores se lanzan, se sacrifican para regar la semilla desde lo más alto; así tendremos buena fecundación. El hilo que nos sostiene simboliza la lluvia y el cordón umbilical. Así como cuando uno es bebé se mantiene de la mamá, así nosotros nos nutrimos de la Tierra.
Por otro lado, los niños voladores se emocionan al hablar de los colores y el simbolismo del traje de volador. En el pecho portan la mitad del Sol, que se complementa con la parte posterior del atuendo. La media Luna con adornos brillantes y representativos que llevan en la cintura completa la explicación. Toman el penacho en sus manos y explican que simboliza el mundo.
Nada en la ceremonia es gratuito; cada paso va acompañado de su correspondiente son: para el camino, para pedir perdón, para el descenso… Los pequeños lo saben todo, lo viven todo, todo lo comparten.







