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Policía y Universidad…¿mundos separados?

Espacio Seguro

En México, por toda una serie de razones de carácter histórico y cultural, ha existido por siempre una especie de divorcio secular entre dos de las Instituciones más importantes y emblemáticas para el desarrollo de cualquier sociedad democrática: La Universidad y la Policía.

La primera de ellas, con enorme prestigio y reconocida en todos los ámbitos de la vida nacional como semillero de grandes hombres y mujeres, como formadora de talentos y como generadora de ciencia y conocimiento. La segunda, sumida en el desprestigio, en el sótano de las encuestas de percepción ciudadana en cuanto a confiabilidad, vista como altamente ineficiente y con muchos casos comprobados de participación en violaciones a los Derechos Humanos y de colusión en actividades delictivas. Desde esta breve descripción de la forma en que la gente visualiza a estas dos aparentemente disímbolas instituciones, se plantea ya una irreconciliable separación, la cual ha sido reforzada por eventos documentados, en diferentes etapas de la vida nacional, de represión y agresiones por parte de la Policía en contra de grupos estudiantiles universitarios.

Sin embargo, aún con estos niveles de aparente lejanía, cabe preguntarse entonces que si la Universidad es el espacio transformador positivo por excelencia a través del conocimiento… ¿por qué no habría de cambiar también a la Policía? México es ya una sociedad democrática, y esto ha impactado también, aunque lentamente y no siempre de manera articulada y coherente, a las Instituciones de Seguridad Pública. Deben quedar ya atrás para siempre Policías donde se sanciona a sus integrantes por ser “sorprendidos” estudiando, en un esfuerzo de superación pocas veces comprendido y apoyado, y deben dar paso a Corporaciones modernas, sabedoras de lo importante que es formar capital humano de excelencia con formación universitaria y preparado para retos sin precedentes en este mundo globalizado. Y este esfuerzo no debe ser solo de la Policía al cambiar su cultura organizacional, sino que también la Universidad debe incentivar este cambio y tener apertura para una escena que hubiera sido impensable hace algunos años: Policías en sus aulas y pasillos, no sólo como alumnos, sino también, ¿por qué no?, como Catedráticos. Solo con esta mutua interacción podremos tener una mejor Policía, y adicionalmente, la Universidad verá reforzado su papel de Institución altamente apreciada y modificadora positiva de la realidad del País.

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