POPOL VUH 389

Por Mario Candia

22/6/26

 

THE GUARDIAN Esta semana el periódico británico The Guardian publicó un extenso reportaje sobre Claudia Sheinbaum. El encabezado no pasó desapercibido: la presenta como la líder de izquierda más popular del mundo. Para respaldar esa afirmación cita niveles de aprobación que rondan el 70 por ciento, cifras que para cualquier gobernante democrático serían motivo suficiente para sentirse satisfecho. Sin embargo, al terminar de leer el texto me quedé atrapado en una pregunta mucho más interesante que el propio porcentaje: ¿qué estamos aprobando los mexicanos cuando aprobamos a nuestros gobernantes?

POPULARIDAD Porque el mismo artículo que habla de una popularidad histórica también describe un país que convive cotidianamente con desapariciones, violencia criminal, extorsión, regiones bajo influencia de grupos delincuenciales y una crisis de seguridad que lleva años acompañándonos. La contradicción es evidente. La presidenta más popular de la izquierda mundial gobierna uno de los países más violentos del continente. Y no se trata de una crítica personal hacia Claudia Sheinbaum. La paradojaexistiría independientemente de quién ocupara Palacio Nacional.

 

MORNING CONSULT Y entonces aparece otro dato igualmente revelador. Mientras algunas encuestas nacionales insisten en colocar a Claudia Sheinbaum cerca del 70 por ciento de aprobación, la encuestadora internacional Morning Consult la ubica conalrededor del 45 por ciento. La diferencia no es menor: son más de veinte puntos porcentuales de distancia. En términos prácticos, una encuesta nos habla de una presidenta casi intocable; la otra describe a una mandataria que gobierna un país profundamente dividido. Las dos no pueden estar retratando exactamente la misma realidad. Alguien está viendo un México optimista, satisfecho y convencido. Y alguien está viendo otro México, más escéptico, más crítico y menos dispuesto a comprar la narrativa oficial. La pregunta no es cuál encuesta creer. La pregunta es cuál de los dos Méxicos terminará imponiéndose sobre el otro.

 

CRITERIOS Pero quizá estamos observando el fenómeno desde el ángulo equivocado. Tal vez la pregunta no sea cuál encuesta tiene razón. Tal vez la pregunta sea por qué los mexicanos parecen evaluar a sus gobiernos con criterios distintos a los de generaciones anteriores. Porque si los desaparecidos fueran el principal criterio de evaluación, las cifras serían otras. Si la inseguridad fuera el principal criterio, las cifras serían otras. Si la extorsión fuera el principal criterio, las cifras serían otras. Y sin embargo la aprobación permanece.

 

PREMIANDO ¿Estamos premiando la estabilidad? ¿Los programas sociales? ¿La cercanía emocional con un proyecto político? ¿La continuidad de una narrativa que ofrece certidumbre en tiempos de incertidumbre? ¿O estamos simplemente comparando la realidad actual con la que existía antes y concluyendo que, pese a todo, las cosas podrían estar peor?

 

MUNDIAL 2026 Hay otro detalle que no deja de llamar la atención. Durante la inauguración del Mundial de Futbol, en el evento internacional más importante celebrado en México en décadas, la presidenta decidió no asistir. La explicación oficial fue sencilla y respetable. Sin embargo, la pregunta quedó flotando en el ambiente político. ¿Por qué una mandataria con niveles tan elevados de aprobación no aprovecharía un escenario tan favorable para mostrarse ante millones de personas? No afirmo nada. No sugiero nada. Simplemente observo que la pregunta existe.

 

DEBATE Quizá el verdadero debate no sea sobre Claudia Sheinbaum. Quizá sea sobre nosotros. Porque una sociedad revela sus prioridades no solamente cuando protesta. También las revela cuando aprueba. Las encuestas no hablan únicamente de los gobernantes; hablan de los gobernados. Son una fotografía de aquello que estamos dispuestos a tolerar, justificar o perdonar.

 

HISTORIA Dentro de veinte años probablemente nadie recordará si Claudia Sheinbaumtenía 70, 60 o 50 por ciento de aprobación. Lo que sí recordaremos será si durante esos años fuimos capaces de enfrentar los problemas que estaban frente a nosotros o si aprendimos a convivir con ellos. Porque las encuestas miden la popularidad del presente. La historia, en cambio, termina midiendo las consecuencias. Y tal vez la pregunta más incómoda para el México de hoy no sea qué tan popular es nuestra presidenta. Tal vez la pregunta sea qué dejó de indignarnos para que esa popularidad fuera posible.

 

Hasta mañana.