POPOL VUH 390

Por Mario Candia

29/6/26

 

LA NARRATIVA  Hay que reconocerlo. Este Gobierno ha construido una narrativa impecable en defensa de las mujeres. “Llegamos todas”. “Es tiempo de mujeres”. Perspectiva de género. Tolerancia cero a la violencia. Discursos emotivos. Campañas institucionales. Listones morados. Todo parece indicar que México, por fin, encontró un gobierno incapaz de mirar hacia otro lado cuando una mujer es víctima de violencia. Hasta que apareció un video. Porque los videos tienen una pésima costumbre: arruinan las versiones oficiales.

 

CRONOLOGÍA Repasemos la historia, porque las fechas, en ocasiones, cuentan mucho más que los discursos. El 15 de marzo de 2026, según la información difundida, una cámara de seguridad grabó al entonces director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, golpeando brutalmente a su esposa dentro de su domicilio. No estamos hablando de una discusión de pareja ni de un intercambio de empujones. Estamos hablando de una agresión cuya crudeza hizo que millones de mexicanos se preguntaran cómo era posible que un hombre con ese comportamiento dirigiera la empresa más importante del país.

 

LA SALIDA Dos meses después, el 15 de mayo, ocurrió algo que en ese momento pareció completamente normal. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la salida de Rodríguez Padilla de Pemex. Explicó que así se había acordado desde el principio, agradeció su trabajo y, para que nadie pensara que existía algún problema, anunció que asumiría la dirección del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias. En otras palabras, no era un castigo. Era una reubicación administrativa con reconocimiento incluido.

 

EL VIDEO Y entonces llegó el 26 de junio. El video se hizo público. Curiosamente, el nuevo nombramiento desapareció casi con la misma velocidad con la que aparecieron las imágenes. Lo que hasta unas horas antes era un funcionario reconocido se convirtió, de pronto, en un personaje del que el Gobierno ya no quería saber nada. Es aquí donde la historia deja de ser un asunto policiaco para convertirse en un asunto político.

 

ESCENARIOS Porque la propia víctima declaró que durante meses su agresor le repetía que estaba protegido por el Gobierno y que nadie se atrevería a actuar en su contra. Qué hombre tan confiado. O quizá habría que decir: qué hombre tan seguro de sí mismo. Naturalmente, esa declaración no demuestra que efectivamente existiera una protección institucional. Pero sí obliga a revisar nuevamente la cronología. Y entonces aparecen las preguntas. Sólo existen tres escenarios posibles.

 

EL ÁMBITO PRIVADO El primero es que absolutamente nadie dentro del Gobierno supiera lo ocurrido desde el 15 de marzo hasta el 26 de junio. Ni la Presidencia, ni Gobernación, ni el aparato político más poderoso del país. Puede ser. Aunque cuesta trabajo creer que un episodio de esa magnitud, protagonizado por el director de Pemex, hubiera pasado completamente inadvertido. El segundo escenario es menos cómodo. Que alguien sí supiera y optara por resolver el problema con discreción: retirarlo de Pemex, presentar la decisión como un acuerdo previamente pactado y enviarlo a un cargo menos visible, confiando en que el episodio permanecería en el ámbito privado.

 

EL SILENCIO Y existe un tercer escenario. Que el Gobierno conociera los hechos, apostara a que ese video jamás abandonaría las cuatro paredes donde fue grabado y decidiera administrar políticamente el problema: retirar discretamente a Víctor Rodríguez Padilla de Pemex, construir una explicación institucional sobre una salida previamente acordada y reubicarlo en otro cargo público, confiando en que el silencio de la víctima terminaría por sepultar el episodio.

 

LA PROTECCIÓN Si ese hubiera sido el camino elegido, la discusión dejaría de ser sobre un funcionario violento. El foco se trasladaría inevitablemente hacia Palacio Nacional. Porque significaría que la primera mujer Presidenta de México optó por proteger políticamente a un colaborador cercano antes que respaldar a una mujer presuntamente víctima de violencia. Sería una contradicción devastadora para un gobierno que ha hecho del feminismo uno de los pilares de su narrativa política.

 

LA DUDA No afirmo que ese haya sido el escenario. Sería irresponsable hacerlo sin pruebas. Lo que sí afirmo es que la cronología de los acontecimientos hace legítimo preguntarlo. Y cuando un gobierno no aclara oportunamente una secuencia de hechos tan delicada, el vacío de información suele llenarse con dudas. Dudas que, por incómodas que resulten, son responsabilidad del propio poder disipar.

 

ANTECEDENTES Más aún cuando éste no parece ser un hecho aislado. Ahí está el caso de Cuauhtémoc Blanco, respaldado políticamente por Morena mientras enfrenta una investigación derivada de la denuncia presentada por su media hermana. Ahí está Félix Salgado Macedonio, cuya candidatura al Senado fue defendida por el partido pese a las denuncias por presuntos delitos sexuales. En todos esos casos, el discurso feminista pareció hacer una breve pausa para consultar la credencial partidista del acusado.

 

RUIDO Y esa quizá sea la parte más incómoda de toda esta historia. Porque la presunción de inocencia debe existir para todos. Absolutamente para todos. Lo que no debería existir es la sospecha de que algunos también disfrutan de una presunción de protección política. Dicen que los videos no mienten. Tal vez. Pero tampoco hablan. Quienes tienen la obligación de hacerlo son los gobiernos. Y en esta historia, el silencio empieza a hacer mucho más ruido que las palabras.

 

Hasta mañana.