La elección que ya empezó

LA VERDAD Y EL CAMINO

Por: Aquiles Galán.

“Las democracias no suelen morir el día que desaparecen las elecciones. Empiezan a debilitarse el día que la sociedad deja de sentirse responsable de ellas.”

Hay elecciones que comienzan cuando se instalan las casillas.

Y hay otras que empiezan mucho antes.

La de 2027 pertenece a la segunda categoría.

Porque lo que hoy está en juego ya no son únicamente alcaldías, diputaciones o gubernaturas. Lo que comienza a disputarse es algo mucho más profundo: quién tendrá la capacidad de definir las reglas del país durante los próximos años.

Durante mucho tiempo aprendimos a entender la política como una competencia entre partidos. Cambiaban los colores, cambiaban los discursos y cambiaban los nombres. Pero siempre existía la idea de que había instituciones capaces de equilibrar el poder, medios que cuestionaban, organizaciones civiles que vigilaban, empresarios que señalaban excesos, universidades que debatían y ciudadanos que podían convertirse en contrapeso.

Hoy esa realidad parece cada vez más frágil.

México vive un momento donde la discusión pública comienza a reducirse mientras el poder busca expandirse.

Las instituciones son constantemente cuestionadas cuando incomodan.

La crítica suele responderse con descalificaciones.

Las redes sociales se han convertido en tribunales donde importa más quién grita primero que quién tiene razón.

Y la polarización ha logrado uno de los mayores triunfos para cualquier grupo político: dividir a la sociedad hasta hacerla incapaz de defender causas comunes.

Mientras tanto, el país sigue enfrentando problemas que no desaparecen porque dejemos de hablar de ellos.

La violencia continúa arrebatando vidas.

Miles de jóvenes siguen encontrando más oportunidades fuera de México que dentro de él.

El campo continúa perdiendo generaciones enteras.

Las familias viven con incertidumbre económica.

Y millones de personas siguen esperando que la justicia funcione igual para todos. Sin embargo, pareciera que cada semana aparece un nuevo tema destinado a ocupar toda la conversación nacional. La indignación dura apenas unos días. Después llega la siguiente polémica. Y la siguiente… Y la siguiente.

Vivimos atrapados en un ciclo donde las cortinas de humo duran más que las soluciones.

Mientras discutimos el escándalo del día, dejamos de preguntarnos quién está construyendo el país de mañana. Incluso el Mundial de 2026 refleja esa contradicción. Será una vitrina extraordinaria para México. Mostraremos estadios, turismo, infraestructura y millones de personas celebrando. Pero también será un espejo incómodo. Porque detrás de esa fiesta seguirá existiendo un país donde muchos jóvenes difícilmente podrán pagar un boleto para asistir al evento que se organiza en su propio territorio.

No porque les falte entusiasmo.

Les faltan oportunidades.

Y mientras esa realidad permanezca, ningún espectáculo internacional podrá convertirse en sinónimo de desarrollo. En medio de este escenario comienza otro debate que debería preocuparnos.

El de la libertad para cuestionar al poder.

Desde las discusiones nacionales hasta casos locales como la llamada Ley Serrano en San Luis Potosí, la conversación sobre los límites entre combatir la desinformación y restringir la libertad de expresión ha dejado de ser una discusión jurídica para convertirse en una discusión democrática.

Porque cuando una sociedad comienza a tener miedo de opinar, el problema ya no es únicamente de periodistas. Es de todos.

Por eso creo que la próxima elección no será únicamente una competencia entre partidos. Será una competencia entre la concentración del poder y la capacidad de la sociedad para organizarse.

Ahí es donde organizaciones civiles, cámaras empresariales, universidades, colectivos ciudadanos, sindicatos, grupos vecinales, asociaciones religiosas y comunidades tendrán una responsabilidad histórica.

No para convertirse en operadores políticos. Sino para convertirse en conciencia pública. La democracia nunca ha sobrevivido únicamente gracias a los gobiernos. Sobrevive cuando existe una sociedad suficientemente fuerte para recordarle al poder que no todo le pertenece. Y en esa responsabilidad, los jóvenes tenemos quizá el papel más importante. Durante años nos buscaron para llenar plazas, pegar propaganda, compartir publicaciones y repetir discursos.

Es tiempo de dejar de ser la fotografía de campaña. Y convertirnos en la generación que haga las preguntas incómodas.

Que investigue antes de compartir.

Que cuestione incluso a quienes piensa parecido.

Que defienda instituciones antes que personajes.

Que entienda que ningún político merece más lealtad que México.

Porque el verdadero cambio nunca ha comenzado en los escritorios del poder. Siempre ha comenzado cuando la sociedad decide dejar de esperar. Quizá esa sea la elección que realmente ya empezó.

Y esa no se va a ganar con más propaganda.

Se va a ganar con ciudadanos que vuelvan a creer que participar sigue siendo el acto más valiente de una democracia.

Bonito día…