Rayón guarda rastros del asteroide que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años

Fernanda Durán

Investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) documentaron en el municipio de Rayón evidencia geológica asociada al impacto del asteroide de Chicxulub, en la península de Yucatán, ocurrido hace aproximadamente 66 millones de años y relacionado con la extinción masiva que marcó el final de la era de los dinosaurios, considerado como un hecho inédito en la entidad.

El hallazgo fue dado a conocer por el doctor Roberto Bartali Marchetti, investigador y docente de Astrofísica de la Facultad de Ciencias de la UASLP, quien explicó que la zona conserva restos correspondientes al límite Cretácico-Paleógeno (K/Pg), la frontera geológica que divide el final del periodo Cretácico y el inicio del Paleógeno.

De acuerdo con el investigador, durante aquella época gran parte del actual territorio potosino permanecía cubierto por el mar, por lo que la región albergaba arrecifes y organismos marinos como rudistas, corales, moluscos y otros invertebrados.

“Mucho del material de esa colisión llegó directamente a depositarse en lo que hoy es el municipio de Rayón”.

Según el estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE, el sitio conserva una secuencia geológica considerada de “alta resolución”, es decir, con capas sedimentarias que permiten reconstruir con detalle parte de los efectos generados por el impacto ocurrido en la península de Yucatán.

“Es una cosa más para nuestro estado; nadie nunca había encontrado algo así en San Luis Potosí”.

La investigación inició en 2019, luego de que el equipo revisara antiguos registros geológicos elaborados durante exploraciones petroleras de Petróleos Mexicanos. Bartali Marchetti señaló que varios documentos reportaban formaciones inusuales que no coincidían con la geología conocida de la región.

“Empezamos a sacar muestras, a ver qué estructura tenían las rocas y finalmente encontramos la evidencia de que correspondía a lo que había ocurrido hace 66 millones de años en Yucatán”.

El artículo científico describe que el principal indicador del evento es una capa de arcilla negra ubicada entre dos formaciones de arenisca marina, la cual presenta ausencia casi total de fósiles y contiene materiales considerados característicos de impactos meteoríticos, como cuarzo deformado por ondas de choque, microesferas vítreas derivadas de roca fundida, partículas metálicas, restos carbonizados y elementos químicos del grupo del platino, entre ellos iridio, osmio y paladio.

Los investigadores documentaron además esférulas incrustadas en corales y conchas marinas fósiles.

“Encontramos partículas de la fusión del asteroide incrustadas dentro de esos pobres corales”.

El estudio detalla que las llamadas “spherules” o esférulas corresponden a gotas de material expulsado y fundido tras el impacto, que posteriormente se enfriaron y cayeron nuevamente sobre la superficie terrestre y marina. Algunas de las partículas localizadas en Rayón aparecen adheridas a restos de organismos marinos, lo que, según los investigadores, sugiere que el material cayó mientras esos organismos aún se encontraban en el arrecife.

Otro de los hallazgos relevantes corresponde al denominado “shock quartz”, cristales de cuarzo que presentan deformaciones microscópicas asociadas a presiones extremas. Este tipo de estructuras es considerado uno de los principales indicadores geológicos de impactos de gran magnitud.

La investigación también identificó restos de vegetación carbonizada, lignito y cenizas dentro de la capa negra, evidencia que los autores relacionan con incendios y alteraciones ambientales generadas tras el impacto. Además, encontraron partículas metálicas compuestas principalmente por hierro y níquel, así como concentraciones de elementos raros vinculados comúnmente con meteoritos.

De acuerdo con el artículo, la disposición de los fósiles en las capas inferiores muestra cómo el arrecife marino cambió gradualmente antes del límite K/Pg. Los organismos encontrados disminuyen de tamaño conforme se acercan a la capa del impacto y, después de ésta, los fósiles aparecen fragmentados y en menor cantidad, lo que para los investigadores refleja el colapso ecológico ocurrido tras el evento.

Los autores sostienen que el ambiente arrecifal ayudó a preservar los restos del impacto en mejores condiciones que en otros sitios del Golfo de México, donde tsunamis y perturbaciones posteriores alteraron gran parte de los depósitos. El estudio incluso señala que actualmente sólo existe otro sitio comparable con características similares en Dakota del Norte.

El artículo, titulado “Unraveling the Cretaceous-Paleogene boundary event across the Gulf of Mexico—High-resolution Rayon reef section, Valles-San Luis Potosi platform, Mexico”, fue elaborado por Roberto BartaliJaime Urrutia-FucugauchiJosé Ramón Torres-HernándezLigia Pérez-Cruz y Rosa Lina Tovar-Tovar, con participación de especialistas de la Facultad de Ingeniería de la UASLP, el Instituto de Metalurgia y la Universidad Nacional Autónoma de México.

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